Esta nueva gobernanza que plantea Trichet, debe aplicarse en todo el mundo pues ella será la principal defensa para contrarrestar las próximas crisis. Es decir, se valora la imposición de reglas globales, que todos los países estén dispuestos a cumplir, donde exista una transparencia financiera que evite las fluctuaciones excesivas producto de los mercados especulativos. En este sentido, Trichet criticó las políticas de “nacionalismo financiero”, que han estado en aumento desde que los mercados iniciaron su derrumbe en agosto de 2007. Esto demuestra lo mal planteada que fue la globalización que arrasó con todo desde los años 80: un mundo sin reglas claras donde los mercados mostraron toda su furia natural.