Europa ha sido el tonto de esta crisis al dejarse contagiar de toda la corrupción de los bancos estadounidenses. Bancos que creían realizar el "trabajo de Dios", como afirmó Lloyd Blankfein, el CEO de Goldman Sachs. Los principales bancos estadounidenses, que no sólo son los dueños de la Fed, sino que de gran parte del mundo, son los grandes inventores de esta crisis y apropiaron los estigmas más perversos de la doctrina de Ronald Reagan, para hundir a la economía mundial. Como señala Paul Farrell, uno de los más lúcidos comentaristas de The Wall Street Journal, la ideología autodestructiva de Reagan amenaza con derribar varios siglos de capitalismo. Esto es lo que tiene al mundo viviendo el fuerte proceso de bifurcación social en el cual la clase media corre el peligro de ser exterminada.
Las abusivas prácticas de derroche provienen de larga data, como he presentado en este post para el caso de España, y en este para Estados Unidos. La burbuja inmobiliaria era ya una realidad en el caso español el año 2000, pero nadie hizo nada, pensando, ilusoriamente, que el mercado corregiría automáticamente los desequilibrios. El pretexto para no hacer nada era que todo el mundo estaba igual: viviendo una auténtica bacanal de consumismo basado en deuda, como sintetiza para el caso español el siguiente clip, simple fractal de lo que ocurría a nivel global como reseña este otro clip.
Y ahora que se descubre que todo ese consumo era falso, motivado por una idea de ingreso permanente y en constante aumento que nunca existió, la economía global choca con su dura realidad. Por algo Bradford DeLong define todo este proceso como el colapso intelectual de la Escuela de Chicago, en razón a que de ahí salieron las ideas de la desregulación de los mercados, de la reducción de los impuestos a los más ricos, y de la extinción del gasto público. Y es muy cierto: la desregulación de los mercados desató la crisis, la reducción de los impuestos la amplificó al acelerar la brecha entre ricos y pobres, y la extinción del gasto público está condenando a millones a la miseria. Este es el gran resultado de las políticas de los últimos 30 años, propugnadas por la Escuela de Chicago encabezada por Milton Friedman.
Tal fue el adocenamiento de esta ideología económica, que incluso el Banco Central Europeo descartó la idea de una crisis financiera. Para el modelo de los economistas de Chicago, las crisis eran un invento de los gobiernos, por tanto al sacar a los gobiernos de la actividad económica se acababan las crisis. Y esto lo sintetizó Ronald Reagan con su frase célebre: "los gobiernos quieren sacarnos de los problemas, pero resulta que los gobiernos son el problema". Curiosamente, y como refleja esta gráfica de la deuda pública de Estados Unidos, fue con Ronald Reagan con quien se disparó la deuda pública de Estados Unidos (tras suyo, y como asesor económico, estaba Milton Friedman). Reagan recibió un gobierno con una deuda pública del 30% con respecto al PIB en 1981, y lo entregó con una deuda pública de 50% con respecto al PIB en 1989.
Ahora, en pleno 2011, el Banco Central Europeo se encuentra con algo que no tenía presupuestado: la madre de todas las crisis, algo que no figuraba en su historial y que ni siquiera fue pensado cuando se elaboró la moneda única dado que, de acuerdo al modelo monetarista, “las crisis no existen: son invenciones de los gobiernos y su efecto es transitorio”. Queda claro, entonces, por qué el BCE no sabe cómo enfrentar la crisis: es sólo un espejismo. Pero el grave problema es que cada intervención del BCE tiende a agravar la situación, al convertirse en el vertedero de toda la basura de los bancos privados.
Como señalé en el anterior post, todos los activos tóxicos de los bancos privados (hipotecas basura, préstamos dudosos, generación de créditos fantasmas), han ido a parar al BCE, quien ha transferido toda esa cloaca a dinero real, realizando la mayor operación de lavado de dinero de la historia y, curiosamente, con el beneplácito de los gobiernos. ¿Se entiende por qué huele todo tan mal? Está claro que el gran público no entiende nada de lo que ocurre.
¿Y qué es lo que ocurre? Pues simplemente que las apuestas que perdieron los grandes jugadores, han sido pagadas con los fondos públicos, haciendo que sea el ciudadano de a pié el responsable del gran derroche. En este gran juego de póker, lo que perdieron los tontos de los gobiernos y los tontos del BCE se lo están cargando al ciudadano. Esto es algo que confirma el informe del BCG, la crisis ha dado grandes beneficios a los más ricos, pero está hundiendo en la miseria a los más pobres, y está exterminando a la clase media del mundo.
Esta modificación es un verdadero despropósito para los costes que se pueden originar en la pyme. Es obvio, que los sindicatos no van a aceptar estos puntos y desde luego, la aprobación de la reforma de la negociación colectiva será mediante decreto ley sin acuerdo de las partes.
En el día de ayer mi compañero Remo analizó en estas páginas las gravísimas consecuencias que la ya denominada ‘crisis de los pepinos’ está teniendo sobre el sector agrícola español, con un lucro cesante que se estima en unos 200 millones de euros a la semana. Alemania, tras haber puesto el grito en el cielo sin contrastar el origen de la bacteria que ya ha causado 15 muertes en el país germano, situó rápidamente su foco en los productos hortofrutícolas importados desde España, para hoy desmentirlo.
Con ello, Alemania nos ha hecho un flaco favor, máxime cuando se trata de un asunto europeo y sin ningún tipo de evidencia de que las acusaciones estaban bien dirigidas. La ‘crisis de los pepinos’, me ha demostrado una vez más que el juego de poder en el seno de la Unión Europea no es equitativo, demostrando Alemania un alarde de legitimidad artificial para imponer sus intereses frente a los del resto.
Me gustaría saber qué hubiera pasado si en lugar de manifestarse la bacteria en los pepinos, se hubiese manifestado en los productos cárnicos alemanes como las salchichas, previsiblemente el resultado no sería el mismo, puesto que nuestro país no sería visto a través de los mismos ojos, en incluso sería de esperar la recepción de sanciones, merecidas, por un error de este tipo.
Ayer les hablaba sobre una curiosa casualidad, la manifestación de la voluntad de la UE y Japón de emprender un Tratado de Libre Comercio (TLC), con el asunto de los pepinos sobre la mesa. Como ya ha apuntado algún lector en los comentarios de este post y también yo mismo, la mayor parte de las veces se imponen los intereses de los grandes países sobre los del resto en los asuntos comunitarios.
Lejos de pensar que estos países contribuyen de forma caritativa a los asuntos comunes, como puede ser por ejemplo los esfuerzos en lo que respecta a su contribución a los fondos estructurales europeos o la ayuda financiera a los miembros en dificultades, me da a pensar que el ‘lucro’ económico se gesta en estas cuestiones. ¿Será viable el futuro del mercado europeo sin salvaguardar la equidad en los asuntos comerciales entre los países de la Unión por ley? Yo no tengo ninguna razón para creerlo.