Escrita y dirigida por Scandar Copti y Yaron Shani, ‘Ajami’ es un interesante mosaico de historias entrelazadas marcadas por la violencia, que recuerda inevitablemente a ‘Amores perros’ (o a ‘Ciudad de Dios’) tanto por su estructura como por su tono áspero, sucio y realista, lejos de las habituales propuestas estadounidenses, como la premiada y blandita ‘Crash’. El trabajo de Copti y Shani posee una contundencia natural, la cámara capta la vida de una forma directa, desprovista de falsedades ni licencias (tampoco música extradiegética), de una manera imparcial, tratando sencillamente de mostrar lo que hay, como si fuera un documental.
Y lo que hay, lo que se respira y se vive, no es más que un horror asfixiante, una existencia miserable rodeada de tristeza, opresión y violencia, en la que no hay lugar para la esperanza. Ha debido contribuir sin duda, para lograr un fresco tan auténtico, la osadía y la naturaleza de dos realizadores de origen tan conflictivo, uno palestino y otro judío, pero cuya colaboración ha dado estupendos frutos cinematográficos (además de los reconocimientos ya mencionados, fue la película más premiada de Israel en 2009). Ellos hablan de milagro, y eso parece si tenemos en cuenta que ninguno de los dos había dirigido nada antes; Copti ni siquiera estudió cine.
A través de varios capítulos claramente separados vamos conociendo a los protagonistas (sus puntos de vista, sus circunstancias) de una historia coral cuyas piezas se muestran desordenadas, revelándose una vez resuelto el puzzle que todas sus existencias están conectadas, aunque cada uno crea vivir en un mundo aparte (¿acaso no lo creemos todos?); la jugada del azar, válida en este tipo de relatos, está bien resuelta, no resulta forzada. Pero también puede verse este montaje no lineal, aparentemente anárquico, como una metáfora del caos reinante en la zona, y es que realmente cuesta entender cómo logran sobrevivir estas gentes, de creencias tan firmes y diferentes, en lo que parece ser un campo de batalla diario, absurdo y despiadado.
Lo que capta la intrépida cámara de estos dos realizadores debutantes es un mosaico de vidas al límite en Ajami, un barrio pobre de la ciudad de Jaffa, al sur de Tel Aviv, en Israel. La mezcla cultural, religiosa, lingüístisca y étnica es pura dinamita; judíos, musulmanes y cristianos viven en constante tensión, y las explosiones de violencia son el pan de cada día. Esto lo representan estupendamente unos actores que son en realidad vecinos de la zona que da título al film, un gran acierto por parte de los directores, quienes ensayaron con ellos durante diez meses para tratar de recrear el escenario de la manera más fiel posible; tanto lo viven que a veces parece que se peguen realmente.
Como suele ocurrir en este tipo de relatos, unas historias son más jugosas que otras, y puede que alguna llegue a provocar un bajón de interés en el espectador. En este sentido, una solución podría haber sido ajustar un poco más la duración, realizando un montaje más severo y útil, omitiendo por ejemplo una escena demasiado larga en la que sólo vemos a una familia llorando, algo obvio y que no aporta gran cosa. Por otro lado, y esto sólo es un error indirecto, también resulta complicado para el público occidental adentrarse plenamente en el complejo universo de ‘Ajami’, pues se le lanza a uno sin aviso y no hay ningún tipo de aclaración, nunca, todo lo debes ir procesando a la velocidad a la que se suceden los hechos, por lo es posible que el film se le atragante a quien necesite entenderlo todo constantemente, en lugar de observar y sentir. Una película notable, diferente y arriesgada que merece, al menos, un visionado.
‘El león en invierno’ (‘The Lion in Winter’, 1968)
En este drama histórico, dirigido por Anthony Harvey y basado en la obra teatral de James Goldman, se retoma la figura de Enrique II, a quien da vida Peter O’Toole, para narrar uno de los últimos momentos de su reinado cuando una Navidad, consciente del poco tiempo que le resta, reúne a la familia real para decidir quién será su sucesor. Katharine Hepburn interpreta a Leonor de Aquitania, mientras Anthony Hopkins encarna a Ricardo Corazón de León, el más ambicioso de los tres hijos del rey. Por su parte, Timothy Dalton se mete en la piel del rey Felipe, de Francia.
Se ha alabado de esta película el inteligente diálogo y el astuto juego de intrigas políticas que asemeja una partida de ajedrez. Está claro que, con un elenco de este calibre, la disputa por el trono se puede disfrutar enormemente.
Hepburn obtuvo el Oscar y el BAFTA a la mejor actriz protagonista por ‘El león en invierno’. Goldman escribió el guión, adaptando su propia obra teatral, lo que le valió también su correspondiente galardón de la Academia de Hollywood. El film obtuvo, asimismo, el Oscar a la mejor banda sonora para John Barry, y otras cuatro nominaciones, así como numerosos premios y nominaciones en los Bafta, Globos de Oro y otros certámenes.
Un espectacular reparto compuesto por William Hurt, Sigourney Weaver, James Woods, Christopher Plummer, Morgan Freeman, Irene Worth y Pamela Reed protagoniza este thriller dirigido por Peter Yates y escrito por Steve Tesich.
En ‘El ojo mentiroso’, un tipo extraño y retraído finge ser el testigo ocular de un asesinato para atraer la atención de una periodista con la que se ha obsesionado. Su falso testimonio contaminará las pruebas y dificultará la investigación del crimen. Este asunto se mezcla con una trama de inmigración ilegal de judíos en EE. UU. en la que la presentadora está involucrada a causa de su procedencia.
Se ha criticado por carecer de ilación entre las dos historias centrales y por contar con secuencias que no quedan resueltas, pero al mismo tiempo se comenta sobre ella que contiene grandes escenas de intriga, buenos diálogos y, claro está, encomiables interpretaciones.
James B. Clark dirige a Rick Jason, Brian Keith, Steve Brodie y Mala Powers, en el Western titulado ‘Sierra Baron’, en el que Miguel Delmonte tendrá que luchar por los derechos de su rancho, en el cual se ha encontrado un yacimiento de oro muy codiciado por los yanquis.
Me temo que la traducción del título, que se ha limitado a añadir una tilde a «barón», como si fuese el nombre de la sierra en la que transcurre, estará equivocada. Es probable que el término inglés se refiriese a un «magnate» o un «terrateniente», así que lo mínimo que tenía que hacer el título en español es invertir el orden de las palabras y añadir alguna preposición y artículo. Y, si no, que lo dejen en inglés.
Esperemos a ver qué tal es la acogida en Cannes, aunque parece que el sello de Iñárritu queda bien impregnado por esto poquito que se deja ver hasta ahora. Y a ver qué tal Javier Bardem, porque será de lo poco español que pasee por La Croisette. Esperamos que luzca un careto más agradable que el cartel de ‘Biutiful’.
La elección de director de ‘Pulp Fiction’ ha sido, según se ha explicado en la nota oficial, por ser uno de los “cineastas más sorprendentes del cine de hoy” y ser un director “de referencia, estudiado e imitado y quizá el único amado como una estrella de rock”.
Desde luego que con estos piropos Tarantino no ha declinado, de momento, su elección, así que le tocará entregar el León de Oro. Veremos qué títulos participan y sigue consigue, seguro que sí, despertar más interés si cabe en este festival.
Escrita por Gray y Richard Menello, ‘Two Lovers’ (¿por qué no traducirlo por ‘Dos amantes’?) gira en torno a Leonard (Phoenix), un soltero que se debatirá entre una amiga de la familia (Shaw), con quien sus padres desean que se case, y su atractiva pero voluble vecina (Paltrow). Suena un poco a la trama de un capítulo de alguna serie para adolescentes, estando ya Phoenix un poco mayor para que sus padres decidan con quién debe liarse, pero bueno, en el portal Metacritic tiene una media de 7,4 sobre 10, y ahí arriba tenéis el tráiler, echadle un vistazo que seguro que salís de dudas sobre si os puede gustar o no la película. A continuación, los cuatro carteles que he encontrado en la red, por orden de mejor a peor bajo mi humilde punto de vista:
Galería de fotos
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PD: Por el tráiler parece claro que lo mejor será Phoenix, y lo peor Paltrow.
La dirección artística (recuerdo haber oído a Alberto Abuín alucinar al respecto cuando la vimos juntos) de Dagobah es toda una maravilla, obra de Norman Reynolds, quien no brillará tanto en ‘El retorno del jedi’. Rodado enteramente en estudio, da gusto observar una creación tan realista, en contraste con el regreso al mismo planeta en la sexta película (el episodio III), mucho menos denso y atmosférico que aquí. Y la presentación de Yoda es mucho mejor que la, un tanto torpe, presentación que tuvimos de Kenobi en la primera película. Yoda pasa de ser una simpática criatura con aspecto de rana a aparentar mucho más sabio y poderoso cuando por fin revela su identidad, y tan solo con una gestualidad limitada, y un tratamiento genial de la expresión de los ojos.
Pero ya el animatronic, o marioneta, creada para dar vida a este personaje fundamental, es una verdadera joya artesanal, con la portentosa voz de Frank Oz. Él y Mark Hamill (que está sensacional, el chaval) inician una aventura común, una especie de curso intensivo jedi de pocos días o semanas, que es una de las cosas más hermosas que le han pasado al cine de aventuras y fantasía. Mientras, Han y compañía se las ven y se las desean para eludir a los soldados del imperio, sobre todo porque la tan cacareada y genial velocidad de la luz no funciona en su nave, por mucho que intenten repararla, de modo que se ve obligado, como medida de emergencia, a introducirse en un campo de asteroides, lo que da lugar a una de las persecuciones más espectaculares de la saga.
Parece mentira que algunos de los asteroides sean patatas colgadas de alambres, porque la sensación de introducirnos en una nube de asteroides es casi superior a la de las escena homóloga de ‘El ataque de los clones‘, echa con muchos más medios y mucho más modernos. Esta secuencia supone un adelanto ostensible respecto a las secuencias de naves de la primera parte, así como todo el look de la película ha envejecido mucho mejor que la primera, a pesar de ser sólo tres años más moderna.
Gran parte del mérito de esto es de Irvin Kershner, que es mucho mejor director de actores que Lucas, y que en la planificación y el montaje no le anda a la zaga a su pupilo. Por otra parte, la magnífica dirección de fotografía de Peter Suschitzky, que tanto alabó David Cronenberg (no en vano ambos trabajarían juntos en numerosas películas) supera con mucho a la de la primera parte, con un magnífico uso del scope (qué bien se llenan los espacios en esta aventura) y una luz suave (mayormente blanca o azul) que le da al filme un aspecto inmejorable.
Y para no hacer esta entrada demasiado larga, concluiremos el análisis en breves días.
Especial ‘La guerra de las galaxias’ en Blogdecine