Chabrol no estaba, ni mucho menos, retirado, ya que estrenó su última película, ‘Bellamy’, en febrero de 2009 en Francia. A nuestro país no llegó en su momento, pero quizá sería ésta una buena ocasión de traerla. De la última que se presentó aquí, ‘Una chica cortada en dos’ ('La fille coupée en deux', 2008) se pueden leer, cronológicamente, en Blogdecine una crítica mía y otra de Alberto Abuín. No se trata de uno de sus mejores trabajos, ya que no acierta a transmitir los sentimientos y los problemas de los protagonistas.
Antes de este film, Chabrol estrenó ‘Borrachera de poder’ ('L'ivresse du pouvoir', 2006), con Isabelle Huppert, así como otros trabajos de resultado irregular. Encontré impresionante 'Gracias por el chocolate' (‘Merci pour le chocolat’, 2000), que recomendaría sin dudarlo. Pero 'La dama de honor' (‘La Demoiselle d’Honneur’, 2004) , no me pareció que transmitiese bien esos sentimientos extraños tan bien retratados habitualmente por Chabrol. ‘La flor del mal’ (‘La Fleur du mal’, 2003), que me quedó pendiente, completaría los títulos estrenados esta década que ha sido la última para el cineasta.
Claude Chabrol está en esto del cine desde finales de los '50. Comenzó con la película que lo lanzó a la fama, 'El bello Sergio' ('Le Beau Serge', 1958), anterior a la irrupción de la Nouvelle Vage. Ya más adelante, hizo uno de los episodios de 'París visto por', donde sí compartió cartel con los directores más emblemáticos de este movimiento.
Entre sus títulos se encuentran 'El tigre se perfuma con dinamita', 'Las ciervas', 'Las infieles', 'El carnicero', 'Relaciones sangrientas'... También 'Nada' o 'Inocentes con manos sucias', ambas según las novelas negras del espléndido Manchette. Más tarde llegarían 'Un asunto de mujeres', magnífica cinta sobre el aborto que huye de todo maniqueísmo; 'El infierno', 'La ceremonia'... donde quizá alcanza su mayor brillantez en un tipo de historias en el que ya se mantiene hasta ahora.
En marzo de este año, en una entrevista le preguntaron “¿Para qué cree usted que debe servir el cine?” A lo que respondió “Yo soy alguien muy feliz en mi vida. Tengo una vida muy agradable y vivo casi en beatitud. Pero una cosa que me impide la beatitud completa es saber que hay mucha gente que no es feliz. Yo tiendo a hacer películas para que esa gente que no es feliz, si quiere ponerse a pensar, tenga un elemento que favorezca esa reflexión para tratar de ser más feliz. Pero no puedo hacerlo todo yo pues hay mucha que gente que vive como un imbécil, una vida idiota, aunque el cine, a veces, puede servir para que la gente sea menos imbécil. No soy paranoico, pero en la sociedad hay una conspiración para que la gente viva una vida idiota”.