Son muchos quienes consideran a Carme Ruscalleda la mejor mujer cocinera del mundo. Con una larga trayectoria en su restaurante Sant Pau, en Maresme, a cuatro pasos de la costa, desde 2004 tiene abierto otro Sant Pau en la otra punta del mundo, en Tokio, donde triunfa con su cocina mediterránea estacional adaptada al gusto [...]

Son muchos quienes consideran a Carme Ruscalleda la mejor mujer cocinera del mundo. Con una larga trayectoria en su restaurante Sant Pau, en Maresme, a cuatro pasos de la costa, desde 2004 tiene abierto otro Sant Pau en la otra punta del mundo, en Tokio, donde triunfa con su cocina mediterránea estacional adaptada al gusto oriental.
El Sant Pau de Tokio está ubicado en la zona de Coredo -Nihonbashi: un lugar privilegiado de la ciudad, junto a una plaza pública y ajardinada que está considerado casi como ‘el barrio latino’ de la capital japonesa.
Se trata de una verdadera réplica, tanto en lo que atañe a la atmósfera como a la filosofía, del restaurante homónimo de Sant Pol de Mar, en el que Carme y su familia llevan trabajando años.

Allí, al frente del restaurante, se encuentran dos profesionales formados en el Maresme, el cocinero Jerome Quilbeuf y el director de sala Rie Yasui, que encabezan equipos de personal oriental.
Todos ellos proponen a la clientela productos característicos de la despensa española, como el jamón ibérico de bellota de Joselito, el aceite de Siurana, la sal de Mallorca o el caviar de Riofrío.
También recetas características de Carme Ruscalleda, y que son verdaderas actualizaciones de la tradición catalana, como la langosta con tomate y pepino, las espardenyes con salsa de romesco, la pluma de cerdo ibérico con fresas y mató, y otras adaptaciones al gusto nipón como los filetes de buey japonés.
Una bodega con más de 350 referencias, y un apartado donde disfrutarlas acompañados de grandes tapas, han producido un enorme éxito en el país nipón.
Carme, que ha publicado numerosos libros gastronómicos, triunfa en Tokio con una cocina que respeta el producto, que es fiel a su propia filosofía gastronómica y cultural
La demostración de que cuando se apuesta por la creatividad y el sabor se puede conseguir la máxima aceptación en cualquier lugar del mundo, ya sea en el Mediterráneo catalán o el país del Sol Naciente.
