
Una Ryder Cup más, el equipo europeo demostró que, ganen o pierdan, su punto fuerte es el juego en parejas y su espíritu en equipo. Con esto no quiero decir que el americano perdió justo por la falta de éste, de hecho Ovidio ha escrito este post que da indicios de lo contrario, pero si por algo se han caracterizado las últimas victorias europeas en la Ryder es por el buen ambiente y la buena compenetración de sus jugadores.
Es curioso que justo en el equipo donde los jugadores tienen a priori menos cosas en común, ya que cada uno pertenece a un país de la Unión Europea distinto, vaya tan bien en los enfrentamientos por parejas. A parte de la calidad humana de los jugadores también hay que reconocerle el mérito a los distintos capitanes y en este caso a Monty, por gestionar también algo tan importante como el buen ambiente en el grupo. Los jugadores europeos lo hicieron muy bien y prácticamente a la perfección durante la tercera jornada, sin embargo en los individuales sucumbieron la mayoría.
Ian Poulter ha hecho una Ryder espectacular, sucumbiendo sólo ante el buen inicio de Steve Stricker y Tiger Woods durante la primera ronda y con un Fisher como pareja que funcionó a fogonazos. Después de Lee Westwood, es probablemente el que más influencia tenga en el equipo europeo y su juego estuvo a esa altura, sobretodo arrollando a Matt Kuchar en los individuales y dando a Europa la tranquilidad de tener un punto más en su casillero. Además nos ha tenido informados de muchas cosas dentro del equipo (y esas interminables horas de lluvia) con su twitter, cosa que agradecemos, y mucho.
Luke Donald fue elección de Montgomerie y gracias a ello hemos podido ganar la Ryder Cup. Así de claro. Durante el primer día tuvo que lidiar con un insufrible Harrington y no pudo ganar a Bubba Watson y Jeff Overton, especialmente inspirado aquel día, pero por lo demás obtuvo tres puntos importantísimos para Europa, sobretodo el último de ellos, consiguiendo el primer punto de los individuales y quitando presión al resto de partidos. No pudiendo igualar las distancias de la mayoría de los americanos, estuvo soberbio con los hierros y no le tembló la mano a la hora de embocar putts cruciales en sus partidos. Un 10 para él.
Graeme McDowell llegaba como campeón del U.S. Open a la Ryder, a pesar que el Marca, en un fallo garrafal más (y van…) le tomara como a un asistente del equipo europeo. Jugando siempre junto a Rory McIlroy, cedieron el primer día un empate frente a Cink y Kuchar y perdieron el segundo partido frente a los mismos. Fueron los mejores días de Cink, que estuvo inspiradísimo. El lunes salió en el último partido y no sé si Monty decidió que saliera en ese lugar. Se trataba de un campo donde ya había ganado este año y ante un rival muy duro y fue ahí donde Graeme demostró que no era el primer europeo en décadas en ganar el U.S. Open por casualidad. No le tembló el pulso al hacer el birdie con un putt de campeón en el hoyo 16. Es un campeón y nos dio la victoria.
Lee Westwood fue el capitán en el campo del equipo europeo y así lo demostró durante los tres primeros partidos. Si querías buscar a alguien que tomara la responsabilidad, pegara un buen drive en los momentos con más presión o salvara pares desde más de dos metros en momentos comprometidos, allí estaba Lee para no fallar. No falló al equipo y siempre se mostraba seguro, tranquilo y andando con la cabeza bien alta: La referencia para sus compañeros. Estaba convencido de las posibilidades del equipo e irradiaba confianza. Es cierto que falló en los individuales pero lo hizo ante un gran Steve Stricker, que contaba birdies al pasar de los hoyos. Al fin y al cabo y a partir de la semana pasada, estamos hablando del número 2 del mundo y si sigue así, ya veremos cuanto tiempo tarda en alcanzar el número 1.
Martin Kaymer era uno de los jugadores en los que, por lo menos yo, confiaba para obtener puntos y sin embargo el alemán no mostró su mejor versión. Es verdad que tuvo momentos de brillantez y ayudó y mucho al equipo con dos puntos y medio de tres partidos jugados pero falló el lunes ante otro rookie: Dustin Jonhson. Algunos nos quedamos con ganas de ver más de él pero justo porque sabemos que puede llegar a ser muy bueno, y su Ryder también lo fue.
Miguel Ángel Jiménez se enfrentaba a la que seguramente sea su última Ryder Cup. El nivel de exigencia para entrar en este equipo es cada vez mayor y con 48 años dudo que Miguel Ángel (o cualquier otro) tenga hueco en el equipo. Nunca había ganado en los individuales y esta vez tuvo enfrente a Bubba Watson, un jugador que le sacaba 50 yardas en cada drive, y si alguien tenía alguna duda de que "el pisha" es todo un artista se le pudieron aclarar el lunes. Controló el partido desde el inicio y ningún americano contó nunca con el punto de Bubba. 4&3 para el español y por fin una merecida victoria en Ryder para un jugador que nunca deja de sorprendernos.
Rory McIlroy me dejó con la misma sensación que Kaymer. Son dos jugadorazos impresionantes, uno ganador de un grande y el otro todavía no, pero tiempo al tiempo. McIlroy no hizo ni muchísimo menos una mala Ryder Cup, pero tampoco se podría decir que se salió. Como es tan tan bueno algunos pensamos que iba a ganar todos los hoyos desde el primer día hasta el último pero la realidad es que Rory, todavía, solo es un rookie ante su primer torneo con el equipo europeo. Monty lo sabía bien y por eso le emparejó con un "paisano" suyo: McDowell. Su papel fue bueno y supo sacar puntos importantes, aunque estuviera un poco fallón en su match-play supo sacar el empate. No estuvo mal, pero creo que con una Ryder más podría haber sido mucho, mucho mejor.
Padraig Harrington no jugó bien. A algunos, especialmente creo que a Ovidio y a mi, nos pareció desesperante, sobretodo el match-play en que perdió por varios hoyos de diferencia hasta el final contra Zach Johnson. Montgomerie dijo que cuando los americanos lo hacían contra Harrington, lo hacía con miedo e intentaba así justificar su elección por encima de jugadores como Paul Casey. La realidad fue que Padraig no estuvo ni a la altura de la sombra del jugador que ganó tres grandes en dos años y por mucho que se quiera hinchar su nivel de juego actual, lo que cuenta es meter la bola en el hoyo. Ross Fisher, por su parte, no estuvo nada mal. Aportó bastante en sus partidos por parejas y si hubiera llegado a rendir más en el match play, donde se desinfló un poco, estaríamos hablando de una gran Ryder Cup por su parte.
Edoardo Molinari, a pesar de que no ganó un solo punto (empató dos) me pareció que hizo una gran Ryder. Para empezar en los partidos por parejas, tirando de su hermano Francesco, que para mí y a diferencia de su hermano sólo mostró maneras. En su partido individual Edoardo me gustó mucho, enfrentándose contra Rickie Fowler. A pesar de fallar el segundo golpe en el 18 que le dejaba un golpe complicado desde el rough, dio muchísima guerra a los americanos y encendió al público siempre que tenía ocasión. Como he dicho antes, Francesco no me gustó mucho durante los partidos en pareja. No dudo que sea un gran jugador pero me pareció que no estuvo a la altura de lo que requerían sus partidos. En los individuales no tuvo suerte porque le tocó bailar con la más fea: Tiger Woods con un buen día.
Por último, Peter Hanson estuvo bastante discreto. Si al carácter ya de por sí frío del sueco le sumamos un juego algo irregular, con grandes golpes intercalados con errores, el resultado es que nadie se acordará especialmente de él después del torneo. Sin embargo, nos consiguió un punto sin el que hubiéramos perdido.
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