El verdadero cáncer de la economìa no es la inflación sino la deflación. La caída de los precios arrastra los salarios, el gasto en consumo, la inversión de las empresas, los valores de los activos, en un largo proceso de destrucción y de deterioro masivo. La deflación afectó a la economía japonesa desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en 1990 hasta el año 2006. Su retorno este año, abre la posibilidad de que Japón viva un nueva inmersión, cerrando las opciones a una recuperación en “V”, acercándose más a un escenario de “W”, y más honestamente a un escenario en “L”.
Los precios han caído 2,6%, los salarios 2,0% y los bonos de invierno se redujeron 14,0%. El Nikkei sigue bajando y el yen se ha revaluado un 6,0% frente al dólar en los últimos tres meses, haciendo menos competitivos los productos nipones y complicando a un gobierno incapacitado de generar más planes de estímulo. La carga de la deuda fiscal se aproxima al 200% del PIB, siendo la más elevada del mundo, y el Banco Central de Japón tiene los tipos al 0,1%. Es decir que tanto la polìtica monetaria como la polìtica fiscal se encuentran con todos sus mecanismos agotados.
El verdadero cáncer de la economìa no es la inflación sino la deflación. La caída de los precios arrastra los salarios, el gasto en consumo, la inversión de las empresas, los valores de los activos, en un largo proceso de destrucción y de deterioro masivo. La deflación afectó a la economía japonesa desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en 1990 hasta el año 2006. Su retorno este año, abre la posibilidad de que Japón viva un nueva inmersión, cerrando las opciones a una recuperación en “V”, acercándose más a un escenario de “W”, y más honestamente a un escenario en “L”.
Los precios han caído 2,6%, los salarios 2,0% y los bonos de invierno se redujeron 14,0%. El Nikkei sigue bajando y el yen se ha revaluado un 6,0% frente al dólar en los últimos tres meses, haciendo menos competitivos los productos nipones y complicando a un gobierno incapacitado de generar más planes de estímulo. La carga de la deuda fiscal se aproxima al 200% del PIB, siendo la más elevada del mundo, y el Banco Central de Japón tiene los tipos al 0,1%. Es decir que tanto la polìtica monetaria como la polìtica fiscal se encuentran con todos sus mecanismos agotados.