Escrita por Allan Loeb, ‘The Dilemma’ se centra en el mayor problema de Ronny, esto es, ¿decirle la verdad a su mejor amigo, que su esposa tiene una relación con otro hombre, o debería quedarse callado y hacer como que no sabe nada? No sé qué os habréis encontrado vosotros, pero en mi caso siempre he visto que acaban de la misma forma: el pájaro canta, y cuanto antes. Vince Vaughn, Kevin James, Winona Ryder, Jennifer Connelly, Queen Latifah, Channing Tatum y Amy Morton protagonizan la película, que cuenta con música de Hans Zimmer, y se estrena el 14 de enero de 2011.
PD:Howard ya está trabajando en su próximo film, la primera parte de una trilogía basada en ‘La torre oscura’ de Stephen King.
Mientras su última película (‘Resident Evil: Ultratumba’) triunfa en las taquillas de todo el mundo, Paul W.S. Anderson ya está filmando su nuevo trabajo; como anunciamos, se trata de una nueva versión de ‘The Three Musketeers’ (‘Los tres mosqueteros’). Aquí os traigo un puñado de imágenes del rodaje, que se está llevando a cabo en varias ciudades de Alemania, donde pueden verse a algunos de los protagonistas, Logan Lerman, Mads Mikkelsen, Milla Jovovich, Christoph Waltz y Orlando Bloom, con un extraño collar.
Desde luego, el reparto es lo más interesante de este proyecto, a menos que seas un enamorado de las películas de Anderson o del 3D, ya que esta nueva ‘The Three Musketeers’ se está filmando en este formato (también la podréis ver en 2D, no temáis fans de ‘Aliens Vs. Predator’). Escrita por Andrew Davies y Alex Litvak, a partir del clásico de Alejandro Dumas, la película se centra en las aventuras de un joven llamado D´Artagnan, que escapa de casa para cumplir su mayor deseo, convertirse en un mosquetero de la guardia del Rey. Estará en los cines el 15 de abril de 2011.
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PD: Matthew Macfadyen, Ray Stevenson, Luke Evans, Juno Temple, James Corden y Freddie Fox completan el elenco protagonista.
Más de tres horas de grandiosidad épica, que deja literalmente agotado al espectador, sacudido por los hechos históricos que pusieron Rusia cabeza abajo y por la historia de un poeta que no sabe amar, o que ama demasiado. Más grande aún por su cercanía cronológica con la quizá superior ‘Lawrence de Arabia’, pero contra la que no palidece. Al contrario. Su vigoroso relato se mantiene incólume al paso del tiempo, incluso más joven y más bella a medida que su estreno se aleja en el tiempo. Y puede ser la película más reestrenada de todos los tiempos, pues en varios países los espectadores pedían volver a verla, y a lo largo de los años volvían a pasarla con llenos absolutos. Parece mentira que tanto en su recepción en Cannes, como en su estreno en Estados Unidos, un sector de la crítica (no todo, claro) la atacase sin piedad, acusándola de lentitud, de morosidad, de autocomplaciencia extrema. Nunca una lentitud fue tan intensa.
Pero es que Lean, durante los años sesenta, y a pesar de esos dos grandes éxitos, fue despreciado de manera sistemática como un director de segunda o tercera categoría, muy comercial, hábil pero sin demasiado interés estético. Por supuesto él iba a lo suyo, y procuraba construir sus obras sin prestar atención a sus detractores. Impuso a Robert Bolt como guionista, y junto a él llevó a cabo la hazaña de condensar una de las novelas más complejas y pobladas, y probablemente inadaptables, que quepa imaginar. Pero lograron un guión de gran precisión, y el milagro de mantener, pese a los muchos descartes de personajes y situaciones, el núcleo del texto de Pasternak. Bolt se alzó con el Oscar de manera incontestable por esa adaptación. Y ya, David Lean en solitario se enfrentó a la tarea titánica de contar esa historia en imágenes, en un rodaje homérico, que tuvo lugar en su mayor parte en España (en localizaciones de Madrid, como la estación de Delicias, Soria o Granada) y para el que contó con el extraordinario trabajo del operador Freddie Young, sin cuyo trabajo fotográfico la película no sería lo que es.
La balalaica de la madre muerta
Somos testigos de la vida de Yuri (magnífico Omar Sharif) desde que es muy pequeño, y se queda huérfano, hasta su muerte. Pero una vez muerto él, la película aún camina algunos minutos, pues debemos despedirnos de Lara (bellísima, casi etérea, Julie Christie). De tal forma que seguimos a uno y a otro, y luego a los dos juntos. Es la historia de una relación imposible, truncada por guerras, odios, adulterios, la fatalidad, la enfermedad, el frío, la crueldad. Pero, aún así, una relación que marca dos vidas para siempre. Lean se entrega con una pasión que no existe en el resto de su filmografía, narrando con desesperada melancolía, con arrebatado lirismo, sin tapujos. Y lo hace poniendo en paralelo la compleja realidad rusa de principios del siglo XX, que da para producir veinte películas y cien novelas más. Pero de manera sintomática comienza la película con el entierro de la madre (una de las mejores escenas jamás filmadas por Lean), y la presentación de ese icono que es la balalaica, como imagen cultural rusa y símbolo de la soledad y el talento poético de Yuri (que tanto nos recuerda al trineo de Charles Foster Kane…).
Y luego, con un inmenso salto en el tiempo, nos presenta al joven, idealista, poco práctico médico de medicina general en que se ha convertido Zhivago. Un médico poeta, inconsciente, quizá, de que el país en el que vive pronto se convertirá en una matanza primero de los poderosos contra los humildes y luego de todos contra todos. Hay secuencias en esta película de una imaginación y una inventiva visual, que no puedo resistirme a hablar de ellas:
1. El intento de suicidio de la madre de Lara, con Komarovsky (fenomenal Rod Steiger) corriendo entre las habitaciones para entregar una nota de socorro, carrera tomada con una sola toma desde el exterior de la casa, captando a Komarovsky a través de numerosas ventanas.
2. La masacre de los jinetes a los manifestantes, que nunca veremos, pues Lean se queda en el rostro horrorizado de Yuri, testigo de los sangrientos hechos. Es casi peor mirarle a él, y ver su compasión y su estremecimiento, que observar cuerpos mutilados por sables.
3. La “muerte” de Pasha, que luego resucitará como Strelnikov, con las gafas cayendo a la nieve, en clara alusión a la muerte de Lawrence.
4. El largo y helado clímax final, con los poemas a Lara, los lobos, los muebles blancos helados, y con la última despedida de Lara y Yuri, con el punto de vista de Yuri viendo desaparecer en el horizonte nevado el trineo que lleva a Lara muy lejos, sabiendo que no la volverá a ver jamás.
Así, sus arritmias, que las tiene inevitablemente, pasan casi desapercibidas, arropadas por una narración tan arrolladora. Lean contrató al genial John Box para el diseño de producción, el cual trabajó con los directores artísticos Terence Marsh y el español Gil Parrondo (una de las leyendas del cine español). Entre los tres crean algunos decorados más recordados de la historia (como construir toda una avenida moscovita en pleno Madrid), que están a la altura de los fastuosos parajes de exteriores (muy pocos de ellos rusos, la mayoría de ellos españoles, como hemos dicho), para erigirse en un diseño de producción memorable, que contó con un inspirado Freddie Young para uno de los trabajos fotográficos más perfectos y exquisitos de la historia del cine.
Porque hemos hablado de secuencias magistrales, pero también hay imágenes de una belleza impresionante: la mano de Lara como único detalle iluminado entre la oscuridad, la vela colocada cerca de la ventana que poco a poco funde el hielo, el ramo de flores amarillas en primer término de las que caen pétalos, Yuri declarando su amor entre las sombras y con sus facciones apenas insinuadas por una suave luz natural, Lara leyendo los poemas a ella dedicados en un ambiente gélido caldeado por la luz que la ilumina, Yuri mirando por el pequeño ventanuco del apestoso tren y viendo la luna a lo alto en la noche, Yuri imaginando a su madre muerta dentro del ataúd en un mundo de silencio, luego la tumba azotada por la nieve y el viento, el pueblo arrasado por Strelnikov, el campo de flores de la casa en la que se refugia la familia, Yuri volviendo a Moscú con su mujer que le ve a lo lejos entre las barricadas, un anciano Yuri viendo a Lara caminar a través de la ventana del tranvía… Podría seguir con varios párrafos de imágenes extraordinarias, vestidas con la inigualable música de Maurice Jarre.
Conclusión
Cine comprendido como suma de belleza y de emoción. Cine que se sabe grandioso, cuando era un medio con el que millones de personas se conmovían juntos, sin prejuicios, dejándose llevar por un torrente de imágenes. Gran y conmovedor cine, en definitiva.
Anton Corbijn es fotógrafo y realizador de videoclips y de spots publicitarios. Y todo ello se percibe en este film de espíritu e intenciones contemplativas. El holandés, que había dirigido anteriormente ‘Control’, consigue bellísimos planos paisajísticos, tanto en los nevados bosques suecos del inicio, como en las intrincadas carreteras y los amaneceres nublados del transcurso. Corbijn hace un admirable retrato del pueblo y de sus costumbres, que nos recordarán mucho a los del rural español. Como guiño a su persona, Corbijn cambia la tapadera del protagonista, que en la novela pintaba mariposas --elemento que mantiene en otra forma--, para convertirlo en un falso fotógrafo.
En busca de redención
Tan contemplativa es ‘El americano’ como reflexiva. Pero si bien, como decía, hay mucho que contemplar, poco queda para reflexionar. O bien es excesiva la sutileza con la que los autores tratan de trasladar los sentimientos del protagonista --en una intentona behaviorista que pretende mostrarlo todo únicamente con el comportamiento cotidiano-- o bien la interpretación de Clooney se queda corta. El caso es que, salvo para quienes lleguen al cine ya informados, las dudas que atenazan al armero y su condición de personaje agotado pueden escaparse hasta que se hagan patentes hacia el final.
De esta manera, lo que resta es un film cargado de instantes aislados muy potentes, que se ven con gran interés y suma atención; pero principalmente vacuo. Y no el pretendido trampolín desde el que lanzar cuestiones existenciales que mantendrían la mente ocupada durante el visionado.
Un sueño a modo de flashback, que rompe con el estilo sobrio de Corbijn, sería el primer atisbo de explicación de sus sentimientos arrepentidos. Pero incluso a pesar de la torpeza en introducir esta escena, la búsqueda de redención me parece más valiosa como motor que impulsase a moverse al personaje que la explicación que se busca hacia en la segunda mitad del film. (Spoiler) A partir de cierto momento, los autores tratan de achacar las decisiones del protagonista al amor. Sin embargo, no se ha sabido hacer ver --por mucho que se diga en palabras-- que exista un auténtico vínculo sentimental entre él y Chiara (Violante Plácido), salvo el de la conveniencia. Esta trama amorosa, que supone el único elemento comercial de la película, se introduce de forma forzada y resulta decepcionante que sea eso, finalmente, lo que en teoría justifica todo lo demás (fin del spoiler).
La ausencia de explicaciones sobre los cometidos del protagonista funciona como sustituta de la intriga que tendrían otros thrillers y engancha a los primeros minutos como atraparía una trama ya planteada. Esta opción extrema va deliberadamente en contra de los consejos narrativos más básicos para demostrar que los intereses de los autores están por encima de las tramas policiales. Con la misma indiferencia, se permiten no mostrar qué sucede cuando aparecen cadáveres en la noche: ni se nos hace saber que Jack se ha hecho cargo de ellos, ni acude la policía, ni se hacen preguntas... Esta premeditada despreocupación choca, sin embargo, con la burda introducción de un fleco que queda sin resolver y que solamente se plantea para justificar un elemento --(spoiler) el asesino de prostitutas motivaría la pistola de ella, que a su vez justificaría la paranoia de él (fin del spoiler)--.
Referentes
El referente claro de ‘El americano’ es el polar, es decir, el cine francés policiaco de los años ’60. En estos films encontrábamos personajes como el de Clooney, que están de vuelta de todo y cuyas intenciones vitales acaban de cambiar. Hallábamos, igualmente, el ritmo parsimonioso y detenido de relatos más interesados en reflejar una atmósfera, interna y externa, que en narrar hechos o mostrar acción. Rowan Joffe --hijo de Roland, autor de ‘La misión‘-- escribe el guión basándose en la obra del poeta británico Martin Booth ‘A Very Private Gentleman’ (1990). Pero las novelas del francés J. P. Manchette, que mencioné con motivo de la muerte de Chabrol, podrían haber tenido protagonistas como éste.
Aunque la producción sea estadounidense, esta película es muy europea, no sólo por la nacionalidad del director y por sus localizaciones, sino porque lo respira por todos los poros.
Me viene a la mente, asimismo, una referencia más reciente en ‘Los límites del control’, de Jim Jarmusch, que también se centraba en un misterioso mercenario que recibía órdenes en clave y actuaba de forma enigmática. En ambas películas, los personajes secundarios disfrutaban de intervenciones momentáneas, pero intensas --y en ambos casos me atrevería a decir que interpretadas de manera artificiosa--. En las dos se escatiman las explicaciones sobre la misión del protagonista y la forma de actuar de sus pagadores. Y las dos preferían transmitir los sentimientos de los protagonistas a través de sus comportamientos en situaciones cotidianas, más que tirando de la voz en off o de explicaciones más evidentes. La de Jarmusch, mucho más radical en su planteamiento, consideré que no había terminado de resultar lograda, pero a su favor diré que por lo menos iba hasta el fondo de la idea con todas sus consecuencias, cosa que ‘El americano’ no hace.
La música
Si ya hemos hablado de Corbijn como profesional involucrado plenamente en el mundillo musical, por lógica cae que la banda sonora de ‘El americano’ sea digna de mención. Eso no significa que el holandés abuse del acompañamiento musical, como sí hacen otros directores con vínculos igual de fuertes con el mundo discográfico --Wim Wenders, por poner un ejemplo--. Utilizada en su justa medida, la partitura de Herbert Grönemeyer apunta las emociones que ningún otro aspecto del film se digna recalcar. La elección de las canciones sueltas es, también, muy adecuada. No falta, por supuesto ‘Tu vuò fà l’americano’, de Renato Carosone, que el título pide a gritos.
‘El americano’ puede disfrutarse gracias a la belleza de su fotografía y a un primer enganche causado por la curiosidad que se despierta sobre la propia narración, es decir, sobre sus motivos y objetivos. Sin embargo, se trata de una película que pretende más de lo que alcanza y que no provoca las reflexiones que sus autores parecen haber dado por sentado que van a suscitar. Puede ser la presencia del popular Clooney o quizá la ausencia de títulos atrayentes en la cartelera lo que haya convertido a este film tan poco generalista en nº 1 de la taquilla estadounidense, pero apostaría que la mayoría de estos espectadores no ha encontrado en ella lo que buscaba.