
El otro día, buceando por Internet, encontré un artículo que sirve para complementar perfectamente los posts de nuestro maestro Martín Jaime. Sobre todo, aquel en el que nos explicaba cómo conseguir que tu ligue de una noche te acompañe a casa a pasar lo que quede de madrugada.
Y es que parece que hay mucha, muchísima psicología, detrás de todos estos planteamientos. Es algo que todos teníamos claro, pero que entenderemos todavía mejor si leemos el artículo en cuestión. Parece ser que el instinto de una mujer le hace seleccionar a su pareja sexual, inconscientemente, en función de la posibilidad que ella encuentre en él de criar a sus hijos y sacarlos adelante.
Y ahí, señores, entrar las apariencias, la manera de vestir, y la imagen que la chica se forme de tí.
Hace unos años, en una prestigiosa universidad, se hizo un estudio (hay que ver, el hombre, con tal de ligar, hasta disfraza sus pesquisas de estudios universitarios), en el que se vestía a un mismo hombre con el uniforme de trabajador del Burguer King, y acto seguido de camisa blanca, corbata y traje impoluto.
Al preguntarle a las mujeres con qué se quedaban, evidentemente, preferían al mismo señor, vestido de manera elegante. Puedes ser analfabeto, no saber ganarte la vida o tener un escaso coeficiente intelectual, que ellas nunca lo llegarán a saber si vas trajeado. O por el contrario, igual eres superdotado, atento, simpático y cuidadoso con los detalles, pero vas mal vestido, y ellas nunca te elegirán para su cama.
No es nada nuevo, pero llama la atención cómo al final el ligar no es más que instinto es psicología. Con los hombres, todo es más sencillo, pero las mujeres, ay las mujeres. Comerse un rosco tiene más ciencia que la física, las matemáticas o la química.
Vía | New Foundland News