
Las numerosas medidas adoptadas por los gobiernos y las organizaciones europeas para contener los riesgos de inestabilidad económica y financiera no han producido los resultados deseados. Más aún, la crisis de la deuda soberana y la fragilidad del sector bancario (curiosamente, demasiado grande para caer), ha socavado la confianza, lo que dificulta la inversión, paraliza la economía y aumenta aún más el ya elevado nivel de desempleo.
A modo de consuelo podemos decir que esta vez que Europa no sufrirá sola. El contagio ha golpeado a Estados Unidos, a los países asiáticos y a los países emergentes. Estados Unidos comenzó a experimentar un ligero retroceso y China y Japón han entrado en contracción. La nación nipona experimentó el año pasado su mayor déficit comercial en 30 años, demostrando que la tragedia de Fukushima tuvo efectos negativos muchos mayores a los estimados.
Estas noticias han sido suficientes para que el Fondo Monetario Internacional actualizara a la baja sus previsiones económicas para 2012. Según las nuevas cifras dadas a conocer esta semana, el crecimiento mundial será sólo de un 3,3 por ciento frente al 4% previsto en su Panorama Económico Mundial de octubre, hace apenas tres meses. La zona del euro entrará en una recesión, por ahora pequeña, y se estima que los diecisiete países registrarán un crecimiento negativo de -0,5% este año.
Para Estados Unidos las previsiones de crecimiento también han descendido: desde el 2,5 por ciemto al 1,8%, mientras que los grandes países emergentes comienzan a pagar un alto precio por la crisis europea. La caída de las exportaciones y el comercio deslizará el crecimiento de China desde el 9,2% registrado en 2011 al 8,2% para 2012. La disminución es significativa, ya que cada unidad de crecimiento se mide en decenas de miles de puestos de trabajo perdidos. Otras grandes economías de Asia (India, Indonesia) se verán afectadas de la misma manera. En América del Sur, Brasil alcanzará el 2,9% frente al 3% previsto inicialmente.
La crisis que se avecina no sólo afectará el crecimiento. En su Informe sobre la estabilidad financiera mundial, el FMI señala que los riesgos pueden descarrilar a la economía global están aumentando, en parte debido a las incertidumbres relacionadas con la crisis de la deuda soberana de la zonaeuro, y la situación de Grecia.
Todas estas malas noticias han llevado al FMI a cambiar el discurso y pedir menos austeridad y recortes, aunque ya el daño está hecho. Algo tarde se da cuenta la policía de la disciplina económica que los planes de austeridad, en períodos de crisis, y aplicados al azar, conducen al desastre. Ahora que con sus decisiones y presiones agravaron más el problema, los señores del FMI piden planes de estímulo y declaran que todos los países no deben actuar de la misma manera en sus objetivos de balance. Ahora que se les pasó la mano con los recortes, e improvisaron con erróneas políticas económicas, vienen a cambiar el discurso. Ahora que la economía chocó con el iceberg y se agotan los botes salvavidas, es hora de decir “sálvese quien pueda”.
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