Pese a esto, el ex-gobernador de la Fed, Frederick Mishkin sostuvo que “no se está cimentando una burbuja especulativa”, dado que no todas las burbujas presentan riesgos para la economía. Mishkin separa entre burbujas malas y buenas. Las primeras son provocadas por un auge del crédito, en el cual las expectativas dan lugar a un aumento de la demanda, lo que genera un alza en el precio de los activos, alentando los préstamos contra esos activos y retroalimentando positivamente el ciclo hasta que explota.
La segunda categoría de burbujas que Mishkin llama de “exuberancia irracional” son menos dañinas porque aquí no hay un auge del crédito, y si no hay un auge del crédito el estallido de la burbuja no puede hacer daño alguno al sistema. Cita como ejemplo la burbuja tecnológica de los 90 y la de las puntocom del 2000, que no tuvieron un impacto global. Para Mishkin es el auge del crédito el que desata las burbujas. Ahora bien: no hay un auge del crédito en la pequeña escala. Pero en la macro escala de los capitales especulativos, aquellos que mueven los miles de millones de dólares de los Fondos de Pensiones y juegan en las bolsas o especulan con el oro y el petróleo, a costa del dólar, hay creación de burbuja. Y todo lo que sea burbuja es malo para la economía. Es como pensar que una bomba atómica puede tener algún efecto positivo.