La forma de animar a los jugadores sigue evolucionando, y el “Get in the hole!” o “Go in the hole!” parece ya cosa del pasado. Mientras hasta ahora le dejamos toda la inventiva a los americanos en estos menesteres, no estaría mal popularizar un grito para España, que ya cuenta el “¡Vamos!” de Rafa Nadal. La mejor forma de darlo a conocer: buscar a un jugador con una cámara cerca y pasar a la acción.
En ese punto, en el que el duelo es una posibilidad, el match-play actúa como el magnetismo que une dos polos opuestos y provoca un enfrentamiento directo de las cargas. Ofrece la oportunidad de ver al mejor jugador europeo contra el mejor americano, cada uno en un estado de forma distinto pero dispuestos a ganar sin importar los medios: golpes de bunker golpeando el mástil de la bandera, ataques al green desde cualquier punto del campo, momentos en que la presión es lo que empuja a la bola a entrar o no en el hoyo. El golf está ávido de momentos como estos y alternar cuatro o cinco torneos por golpes con una competición match-play sólo conllevaría una cosa: más espectáculo.
Durante la Presidents Cup disputada esta semana y que para variar volvió a ganar Estados Unidos, la figura de Tiger ha vuelto a cobrar ese áurea de importancia. Greg Norman encontró una posible fisura y no dudó en intentar filtrar ataques a través de un jugador en mejor forma, Keegan Bradley, y siempre que pudo emparejó a Adam Scott y a su ahora inseparable escudero con el americano. La estrategia era desestabilizar a un equipo que llegaba en mejores condiciones y distraerle de lo verdaderamente importante, que una vez más, se trataba de jugar al golf. A juzgar por los resultados de Woods se podría decir que hasta funcionó. Un balance de tres derrotas y dos victorias son un resultado bastante pobre, aunque consiguiera el punto definitivo para que su equipo se llevara la victoria.
El ideal que se persigue buscando la pareja ideal de Woods fue defendido a ultranza por Fred Couples durante toda la competición. Contestaba a los ataques de Norman alabando las virtudes y la actitud de un jugador que ha pasado de ser un arma afiladísima para cualquier equipo a alguien a quien proteger. Ahora el problema no es encontrar un jugador que se adapte al ritmo y personalidad de Tiger, sino que le complemente y mantenga entre algodones para que puedan llegar los puntos. En la primera jornada de Foursomes quedó bastante claro que Steve Stricker, recién salido de una lesión, no era la mejor opción para proteger a nadie. Bastantes problemas tenía para lidiar con su propio cuerpo. Couples optó entonces por el otro extremo, Dustin Johnson, el músculo y fuerza de su equipo. La cosa tampoco pareció funcionar del todo.
Hay un anuncio por palabras que se publica cada vez que Estados Unidos juega una competición por equipos: "Se busca compañero para Tiger Woods". Y desde hace tiempo muchos se preguntan si no debería ser el propio Tiger el que lanzara la oferta. Ernie Els ha jugado esta Presidents junto a Ishikawa, Jim Furyk acompañó a Rickie Fowler durante la última Ryder Cup y Phil Mickelson hizo lo propio con Dustin Johsnon. Mientras tanto, todavía se busca un jugador que sea capaz de moldearse al que fue número uno, pero que ahora tiene treinta y cuatro años. Puede que después de unos cuantos experimentos a lo largo de más de una década, sea el momento de entregarle el testigo y cambiar las tornas. Quitarle las vendas y dejar que por fin, Tiger Woods tenga la oportunidad de hablar por sí mismo.
Llevaba sin ganar desde 2008 el madrileño y lo hace en un momento inmejorable. Los torneos que ahora se disputan ya cuentan para la próxima Ryder Cup y estos euros ganados por Gonzalo le vienen muy bien en la carrera por meterse en el Equipo Europeo que pilotará Olazábal en 2012, en terreno americano. También para seguir jugando con tranquilidad en el European Tour y tener opciones de meterse en los majors del año que viene ¿Será Gonzalo el próximo español en vestir una chaqueta verde o traerse una Jarra de Plata de tierras inglesas?
Por último, se confirma una vez más que las victorias españolas venden. Hoy ha vuelto a ser portada la victoria de Gonzalo en diversos medios generalistas españoles ¿Comentarán algo en el Telediario de la televisión nacional española? ¿O preferirán seguir comentando los partidos amistosos de las selecciones de no sé qué países?
Un total de 16 jugadores son de nacionalidad china, canadiense, thailandesa o japonesa.
No participa ningún jugador europeo.
Sin entrar en nombres, ya se puede uno hacer una idea de que no parece el torneo con más nivel del año. Estamos en plena “silly season” en USA, época posterior a la campaña fuerte de torneos en el PGA Tour y que tiene a todos los mejores jugadores haciendo “bolos” para patrocinadores o pasando por caja allá por donde suenen las monedas. En Europa los mejores se están preparando para jugar la final de la Race to Dubai, así que mucho “segundón” y poco “artista de primera” por tierras australianas.
Aunque no tengo las cifras ni nada que lo demuestre, me temo que Tiger está en Australia para pasar por caja y cobrar su tradicional aguinaldo anticipado, el cual ya dio que hablar en el pasado. Es la única manera de atraer a jugadores de primera en un torneo como el que disputa ahora mismo el Tigre. Igual que en los últimos años, en los que muchos de los mejores jugadores se han ido a llenar los bolsillos de dinero a China.
Si resulta que aún encima de cobrar un buen fijo, a Tiger le cae una victoria, estoy seguro de que podría ser el punto de inflexión que muchos creemos que ahora mismo necesita el americano, para poner fin a su sequía de triunfos y pasar página, al menos en lo deportivo. Quedan dos días de torneo y ya veremos si vuelve o no. Un sábado y un domingo de competición, puede suceder de todo y decir que ha vuelto a golpe de viernes, en mi opinión es un poco precipitado. Aunque lo comprendo porque a todos nos gustará verle levantar el puño en señal de victoria un domingo.
De poco vale a estar alturas que Daly sea un jugador de golf que salió de la nada, que luchó y las pasó canutas para lograr tocar la cima de este deporte y que en sú día lograra ganar dos torneos major. Tampoco valdrá de mucho que le defienda públicamente uno de sus compañeros de partida, Craig Parry. En Australia ya lo tienen “cruzado”, tras su enfrentamiento con un espectador hace 3 años, cuando le arrancó la cámara y la destrozó contra un árbol.
Todo apunta a que este tipo de actuaciones le van a costar muy caro, más que nada porque no va a tener fácil recibir invitaciones para torneos. En el Open de Austria, en el mes de septiembre también montó un numerito, lanzando un palo al agua y luego dropando mal una bola, lo que le costó otra llamada de atención de un árbitro y más golpes de penalidad.
Esta vez, la broma le deja fuera de todo torneo que se vaya a disputar en Australia en los próximos años, tal vez ya para siempre. Trevor Herden, director del torneo, afirmó que “Esta será la última vez que veamos en este torneo a John Daly” y Brian Thorburn, director ejecutivo de la PGA de Australia, dijo que “La historia del PGA no necesita esta clase de comportamiento, que desluce los logros de otros jugadores y la reputación de nuestros torneos”. Por su parte, la PGA de Australia informó de la retirada de la invitación a John Daly para jugar el Australian PGA Championship, que tendrá lugar del 24 al 27 de noviembre.
Por desgracia, son las escenas más bochornosas de la semana y de esta temporada 2011. Una carrera profesional que parecía que remontaba, pero a la que la frustración parece que acabará poniendo fin más pronto que tarde. La gestión de la ira de Daly no es la adecuada. Tal vez los excesos con el alcohol y otros problemas personales por los que ha pasado John Daly en su vida, le estén pasando factura. Lo que está claro es que el bueno de Daly. The Lion, necesita ayuda y volver a ser quien era: un jugador de golf, respetado y admirado por su capacidad en el campo y su manera tan asombrosa de enviar la bola con el driver más lejos que nadie.
Personalmente, si pudiera enviarle un mensaje a John Daly, le díria que en España muchos le seguimos admirando, sobre todo por haber demostrado en nuestro territorio que merece la pena tenerle en un torneo de golf. También le diría que no se rindiera y que luche por terminar su carrera con la cabeza bien alta, igual que cuando vivía en una caravana. El tiempo dirá.
Una última cosa, nadie se pone de acuerdo en si han sido 6 ó 7 las bolas que ha tirado Daly al agua. Aunque, visto lo visto, una bola más o menos da lo mismo.
Más cerca del primer caso, en el que el jugador se motiva reprochándose sus fallos, se encontraría Sergio García. Su catálogo gestual transmite otras emociones. Algunos lo llaman negatividad, otros apatía e incluso a veces un desánimo y abatimiento absolutos. Del mismo modo que muchos ensalzan las virtudes de la malagueña, critican airadamente al castellonense, y argumentan que su juego queda totalmente empañado por su actitud. Ella parece que baila a través de las calles mientras que él lucha con rabia por salir de los árboles pero, ¿hasta qué punto una sonrisa después de un mal swing te prepara para hacerlo mejor en el siguiente golpe?
Se han escrito bastantes libros sobre esta materia. Algunos de ellos proponen una "actitud ideal" para enfrentarse a cada golpe, esto es: rutinas, pensamientos que tranquilizan y sacan por momentos de la competición, pensamientos positivos… Todos ellos prometen, a grandes rasgos, una mejora sustancial de la actitud en el campo y por ende, mejores resultados, que es lo verdaderamente interesante. En este entramado de ideas, ¿dónde quedan los propios pensamientos del jugador? Muchos de los mejores profesionales carecen de psicólogos deportivos por motivos como éste. Prefieren cargar consigo mismos que intentar seguir los puntos de una ideología, aunque sepan que, en determinados momentos, son los primeros en perjudicarse. Es evidente que lo ideal sería bailar como Azahara pero no todos son capaces de seguir ese ritmo, es más, muchos ni lo necesitan.
Tiger Woods despedazó a prácticamente todos sus oponentes en el año 2000 con bastantes malos gestos durante muchas de sus vueltas. No es el mismo Tiger que hemos visto durante los últimos años, más contenido y consciente de su influencia, sino una versión desatada. Aquello no le impidió afrontar situaciones delicadas y revertir la presión en golpes y momentos inolvidables, todo lo contrario a un jugador muy simpático que se desmorona en un playoff. Actitud y autocontrol suelen confundirse, y nos las suelen vender en el mismo plato. Son facetas muy distintas, tanto que pueden llegar a dirimir entre la victoria o tan sólo un buen intento.
Siguiendo con la temática de las trampas en el golf, en esta entrada voy a comentar un tipo de tramposo que se da en el mundo del golf y que a mi me gusta llamarlo el “tramposo social”. Intentaré hacer una radiografía de este personaje que habita en los campos de golf y con el que seguramente, todos nos hemos cruzado alguna vez en alguna partida.
El tramposo social suele ser un buen tipo. Se sabe bastante bien las Reglas del Golf y casi siempre es alguien completamente normal y que disfruta con este deporte. Es de esos que no quieren problemas y que huyen de cualquier situación embarazosa. Los hay de ambos sexos y de todas las edades, también rubios y morenos, sin importar la profesión. Entonces ¿Qué es lo que define claramente a un tramposo social?
El tramposo social tiene miedo a las discusiones y su inseguridad le impide llevarle la contraria a quien no respeta las Reglas del Golf. A pesar de que él se las sabe y las aplica consigo mismo, como evita a toda costa cualquier posibilidad de problemas, cuando ve que alguien hace una trampa, el tramposo social mira para otro lado.
El tramposo social justifica la a quien hace trampas con disculpas simples, con un “bueno, si no lo sabías no pasa nada, pero cuidado la próxima vez”. Pero la próxima vez será igual y no ocurrirá nada. El tramposo seguirá impune, como Pedro por su casa. Anchos son los pares 5. Es más, si se repite la situación, el tramposo social optará por apartarse aún más y así evitar cualquier contacto que le obligue a pararle los pies al tramposo. Si el tramposo va por la derecha de la calle, el tramposo social irá por la izquierda. Incluso puede abandonar la partida, cuando la cosa cante ya tanto y se vea demasiado cómplice.
Dentro de su círculo íntimo de amistades, el tramposo social no para de rajar de las trampas de los demás. Fuera de él, sin embargo, ni rastro de estos comentarios y todos tan amigos. En el tee del 1, con tramposo o sin él en la partida, aquí no ha pasado nada. Si ya sabe que lleva uno y no le cae bien, puede que el tramposo social no se presente en el tee del 1 y prefiera no ir a jugar. A sus hijos les dice que deben respetar las Reglas del Golf, pero luego no lo hace, tembién delante de ellos ¿Qué harán los chavales cuando jueguen con sus amigos?
El tramposo social también es aquel que se va a jugar con su jefe o con alguien a quien considera superior en la vida (hay mucho acomplejado, reconozcámoslo) y le deja que haga lo que le venga en gana. Acaba la partida, el “amo” entrega una tarjeta con 7 abajo, convenientemente firmada por el tramposo social, y éste queda admitido en el círculo más cercano de la “gente guay”. Bebe cervezas y vino con ellos en la terraza de la casa club para celebrar tan “gloriosa victoria” y la gran bajada de un hándicap, que dicho sea de paso, el tramposo jamás cumplirá ni “jarto de [ponga aquí su droga favorita]”. Al fin soy alguien, piensa el tramposo social, rodeado de su amo y otras “adoratrices” varias.
El tramposo social se angaña a sí mismo y engaña a los demás. Si no se le paran los pies a los que no respetan las Reglas del Golf, se adulteran las competiciones y todos salimos perdiendo.
Ahora que ya has leído esta entrada, ya sabes cómo es un tramposo social. Es un buen momento para pensar si tú lo eres o en algún momento lo has sido. Ya sé que es difícil, que da mucho apuro decirle a alguien que no haga tal o cual cosa y que respete las reglas. Más aún si se discute sobre alguna complicada. Pero tú ya sabes que todas las reglas cuentan igual.
A mi se me ocurren un montón de cosas que se pueden hacer y las voy a tratar de exploner de manera resumida. A continuación, mi propuesta con algunas medidas para atajar las trampas en el golf:
Formación: Los clubes y federaciones no deben bajar la guardia y no puede haber un golfista con licencia que no se sepa las reglas de etiqueta y no demuestre un conocimiento mínimo de las Reglas del Golf. En edades tempranas, el asunto cobra mayor importancia, siendo necesarias clases para los más jóvenes y explicarles siempre que el golf es algo más que pegarle una bola y contar los golpes. Es un juego de honor.
Comunicación: Los clubes y federaciones deben establecer programas de comunicación enfocados a la enseñanza de las Reglas del Golf y a la improtancia de la correcta aplicación de las mismas, tanto dentro como fuera de competición.
Publicar las sanciones: Siempre dentro del respeto de lo establecido en la legislación, por ejemplo, en materia de protección de datos de carácter personal, está bien que se publiquen y se difundan todas las sanciones habidas por quedar demostrado que un jugador ha hecho trampas. El escarnio puede evitar que más de uno haga caso de la tentación de hacer trampas.
Formación de árbitros, comités y marshalls: Aunque parezca increíble, hay árbitros, miembros de comités de competición y marshalls que no tienen ni repajolera idea de las reglas. Si los carnets de conducir se dice que hay quien los ha ganado en una tómbola, los de estas figuras, también. Para ser marshal no se exije titulación ¿Por qué no se hace nada al respecto para normalizar este asunto? No estaría mal.
Dotar de autoridad a los árbitros, marshalls y comités: Ya lo comentaba Ovidio esta semana, de nada sirve tener a personal encargado de hacer cumplir las normas, si no se le deja ejercer su trabajo y los golfistas responden con malas formas o, simplemente, no le hacen ni caso. Tampoco sirve que un directivo aconseje a alguna de estas figuras no sancionar, para evitar problemas o proteger a un amigo.
Exigirle resultados a los árbitros, comités y marshalls: A estas figuras, claves para la correcta aplicación de las normas en los torneos, hay que obligarles también a que exijan el estricto cumplimiento de las normas, ya que a veces también prefieren mirar para otro lado, en lugar de hacer su trabajo.
Controlar a los padres: Ya lo dije en más de una ocasión, si hay un niño problemático no hay que buscar el origen del problema en el chaval, sino en sus padres. Es matemático, todos los jóvenes golfistas que son presionados, acaban reventando y generan problemas. A veces, en forma de trampas, para que sus padres vean cumplido su sueño de “hijo estrella”, que tarde o temprano acabará “estrellado”.
A todos los que no les guste el respeto por las Reglas del Golf, no quedará más remedio que intentar explicarles que están obligados a hacerlo. Si no lo comprenden, habrá que enseñarles la puerta de salida del golf y decirles que nunca jamás les querremos ver manchando la imagen de nuestro querido deporte.
¿Qué os parece? ¿Creéis que se puede actuar en otros frentes? Como siempre, vuestras propuestas serán bienvenidas en los comentarios.
Hoy me he acordado de estas casas al leer un suplemento de vivienda en prensa, en el que hablan de una casa de Peter Gluck and Partners Architects, que está totalmente integrada en el paisaje de una montaña. Los dueños obligan incluso a dejar el coche en la entrada de la finca y a recorrer el trayecto hasta la casa en buggies de golf, lo que le da un aire especial a la zona habitada. Tranquilidad total pero digo yo ¿Y si le pusiéramos un putting green en la parte de arriba?
También una zona de approach, una para pegar bolas, un buen bunker para practicar desde la arena… Sin duda, una casa de ensueño que de buena gana tunearíamos, golfísticamente hablando, Ovidio, Enrique, David y yo. Quién no ha soñado alguna vez con vivir en una casa así y, siendo golfistas, quien no ha tenido sueños, húmedos, poniendo un campo de golf en su casa. Aiiinnsss… Menos mal que, soñar es gratis (al menos por ahora).
Me recuerda un poco a las casas que hay alrededor del R.C.G. de Sotogrande, que son realmente impresionantes (Mr. Belindo, que envidia me has dado este fin de semana). Recuerdo la primera vez que las vi, un mes de agosto de hace años, con esos jardines tan bien cuidados en los que parece que al tomar el sol sobre ellos deberás llevar un arreglapiques para no estropearlos.
Un ejemplo para pensar el de esta casa, sobre todo por la cantidad de barbaridades que se han construído alrededor de los campos de golf españoles. Mucho se habla de urbanizaciones de alto standing pero si te paras a pensarlo, muchas veces parecen más nichos de un cementerio que otra cosa. Estaría bien que los arquitectos españoles tomaran nota del ejemplo y que integraran de verdad el paisaje de los campos de golf en el entorno urbanizado que les rodea.
El nuevo San Severiano es ahora “uno de Pedreña”, que ganó 5 majors y se llegó al cielo recientemente, mucho antes de lo que a todos nos hubiera gustado. Estará ahora jugando campos imposibles y pegando golpes inimaginables entre las nubes. Quien sabe. Lo que nadie duda, es que el golf español le echa de menos y que le admiraremos por mucho tiempo ¡Dios salve a San Severiano!
Gracias Alfonso por recordarnos la onomástica y enhorabuena por ese otro que acaba de aterrizar en la tierra y ya tiene sus nuevos palos.
Un padre que veía a uno de sus hijos, hace apenas unos días, lograr la victoria en el HSBC llevando la bolsa de Martin Kaymer y que semanas antes también veía como su otro hijo, Luke Donald, conseguía imponerse en la lista de ganancias de ambos circuitos, Europeo y PGA Tour, siendo el primer jugador de la historia en conseguirlo, además de ver como su hijo se había convertido en el número uno del mundo.
Hasta este momento, todos habríamos dicho que este era el mejor año de Luke Donald, que además está esperando su segundo hijo, pero no sabemos nunca lo que el destino nos deparará y creo que el ejemplo de Luke Donald, nos puede servir a cada uno de nosotros, para intentar aprovechar cada momento, cada día, para disfrutar de lo que tenemos y de esos pequeños detalles que nos hacen disfrutar, recordad aquello, y llevado al terrero del golf, acordaros de aquello que dice que un mal día en el campo de golf, es mejor que el mejor día en la oficina.
Luke Donald ha tenido, en lo deportivo, el mejor año que nunca hubiera soñado, quizás con el único lunar, de no haber puesto un grande en su curriculum, pero todos sabemos cómo y porque ha llegado al número uno del ranking mundial y el tiempo nos dirá como Luke Donald ha sido capaz de encajar este golpe, pero esperemos que el próximo año podamos ver al Luke Donald de este año, porque ha dado grandes lecciones de actitud y de juego.
Durante el día de ayer Golf.com sacó una recopilación de los que, para ellos, han sido los mejores golpes del año en el PGA Tour. A falta de la Presidents Cup o la gran final del Race to Dubai, hemos podido disfrutar de grandes impactos a lo largo de esta temporada, la mayoría de ellos en los majors dada la tensión extra que soportan los jugadores.
En el número uno tenemos el golpe que pegó Bill Haas desde el agua para posteriormente ganar el The Tour Championship y la FedEx Cup pero tampoco hay que perder de vista el golpazo que pegó Bubba Watson desde la calle con el driver en el Hyundai Tournament of Champions, el hoyo en uno de Tom Watson en el British Open, el chip de Charl Schwartzel para birdie en la última jornada del The Masters o cualquiera con los que Rory McIlroy destrozó The Congressional en el U.S. Open. Esta recopilación no incluye los torneos del Circuito Europeo pero merece la pena echarle un vistazo y recrearse con algunos de los mejores momentos que hemos podido ver este año.
Si en la tierra habitan 7.000 millones de personas¿Me puede alguien explicar cómo un evento como el de Valderrama puede llegar a 450 millones de hogares? Sí, sí, si ya sé que hay empresas que se dedican a vender estos estudios, pero otra cosa es que las cifras en las que se basan tengan sentido. Hagamos unas sencillas cuentas jugando con los 450 millones de hogares:
Pongamos en cada hogar una media de 2 personas (o sea, matrimonio sin hijos), lo que nos deja que ha impactado (potencialmente) en 900 millones de personas, lo cual significa un 13% de la población mundial.
Pongamos ahora en cada hogar a 3 de personas de media (o sea, pareja con un hijo), lo que significa que ha impactado en 1.350 millones de personas, que viene siendo algo más de un 19% de la población mundial.
Teniendo en cuenta que:
La mitad, más o menos, del planeta se encontraba durmiendo (o casi) en el horario de retransmisión del torneo.
En España lo han emitido en la tele pero que, salvo los abonados del Golf+, ni “el Pipas” se enteró que lo echaban por Teledeporte.
Había otro torneo a la vez en Asia, no oficial, pero el cual estaba plagado de estrellas a la caza y captura de una burrada de pasta en premios.
Ríete tú de la televisión y de las retransmisiones de golf en zonas hiperpobladas de China, África, Oceanía y Centroamérica y Sudamérica (estoy tentado de escribir España, pero me voy a cortar). Vamos, que aquí tenemos Golf+, pero en Zambia o en la India no creo que se coja bien la señal.
¿Aún sigue pensando alguien que el torneo ha impactado en 450 millones de hogares? Yo tengo claro que no, por mucho que se intente justificar. Si alguien quiere vender humo diciendo que sí y que el impacto de las marcas es tal o cual en base a estas cifras, genial. Yo también diré que mañana lloverá cayendo el agua para arriba.
Por supuesto, como siempre sucede con estas cosas, la noticia ha recorrido redacciones y nadie durante el proceso de “copia-pega” se ha planteado si las cifras son correctas o no. Google muestra los resultados de un panorama que en mi opinión es desolador.
Conclusión: por favor, no perdamos el norte. Si hay que vender estos torneos para que sigan disputándose en nuestro país, hagámoslo con criterio e intentando aportar valor. Si nos dedicamos a vender humo, lo que tendremos será justamente eso: NADA.