JP Morgan anunció la pérdida de 2 mil millones de dólares, y dijo que fue debido a la especulación errónea de los derivados de crédito. Como estas pérdidas aumentarán en las próximas semanas, la suma puede llegar a 20 mil millones de dólares, y le daría más velocidad a la implosión financiera en curso. JPMorgan tiene una exposición de 70 billones de dólares en derivados, suma equivalente a todo el PIB del planeta, por eso que el nerviosismo de los mercados tiene para largo. El presidente de JPMorgan, Jamie Dimons, no tuvo problemas para reconocer el escándalo en forma inmediata:
“Hubo un error manifiesto del departamento de inversiones que lo hizo todo mal… Esta nueva estrategia fue errónea, compleja, mal controlada, mal ejecutada y siguió mal”
Esta autocrítica fue particularmente dolorosa para Jamie Dimons, quien tenía fama de ser el banquero más prudente de Wall Street y lejos de las osadías de Goldman Sachs, Bank of America o Citigroup. Hasta el año 2006 era criticado por la baja rentabilidad que obtenía frente a sus rivales, pero tras el estallido de la crisis, fue recibido como un hombre sabio por haber evitado todas las toxinas que envenenaron a los otros bancos.
Esa misma condición de “banco seguro” fue la que le permitió recuperar a bancos en bancarrota como Bear Sterns y Washington Mutual, en marzo de 2008. Y su desempeño prudente lo convirtió en el banco más poderoso de Estados Unidos. Sin embargo, este escándalo ha dejado al descubierto que también cayó en la tentación del juego de casino, lo que lo instala en una situación humillante.
Este traspié demuestra que los bancos actúan sin ninguna regulación y amparados en el juego de casino donde siempre han ganado. Y como son entidades que se han hecho tan gigantescas, resultan incontrolables y nadie sabe en verdad qué es lo que ocurre ahí dentro. Desde hace mucho tiempo que la banca perdió el contacto con la economía real (y también con la realidad), dado que es más lucrativa la economía de casino. Pero hasta los casinos más grandes se derrumban cuando la velocidad de la recuperación es menor a la del hundimiento.
Los bancos siguen jugando con dinamita pese a saberse que los derivados son activos tóxicos altamente peligrosos. Warren Buffett los describió como “armas financieras de destrucción masiva”. Y estas armas se han vuelto más complejas en los últimos años y se han convertido en engendros financieros fuera de control.
155.000 millones de euros en depósitos de clientes
186.000 millones en créditos a clientes.
Sobre la partida de créditos, apliquemos una tasa de mora del 20%, por lo que podemos dar por incobrables o a muy bajo valor en torno a 37.000 millones de euros. Es decir, tenemos un desfase entre depósitos y créditos en torno a 6.000 millones de euros. Pues bien, esta parte del balance, debería haberse sacado a subasta y sólo garantizar las pérdidas por diferencia mediante un crédito fiscal a la entidad que lo comprase.
Es decir, supongamos que hubiera entrado en liza Santander y BBVA con una incertidumbre de pérdida de 6.000 millones de euros. Las garantías que el Estado debería haber aportado son sólo unos créditos fiscales a repartir en 5 o 10 años de 6.000 millones de euros. Esto sí lo podría haber asumido el Estado como contrapartida de la garantía del Fondo de Garantía de Depósitos y recuperarlo por esta vía en el futuro. Tengamos en cuenta que hablamos de las cuentas corrientes de millones de personas que no tienen culpa del desaguisado de Bankia.
El resto del balance, en torno a 120.000 millones de euros, se ejecuta su liquidación y quién pierda el dinero que no lo hubiera puesto. Así de sencillo y aquí entran en juego los accionistas de Bankia, los titulares de preferentes, deudas subordinadas y otros vehículos de financiación extraños. En esta sociedad, se lleva a cabo una liquidación ordenada de activos y pasivos y a otra cosa mariposa.
Respecto los trabajadores, oficinas y clientes; el proceso de venta de la cartera de activos y pasivos llevaría aparejado un proceso importante de reducción de oficinas. Es inevitable, al igual que lo va a ser en el futuro.
El futuro de Bankia, a las cuentas públicas
Ahora, con el nuevo escenario y el control de la entidad por parte del Estado desde BFA, lo primero que vamos a hacer va a ser sacar el talonario, realizar emisiones de deuda pública y ampliar capital entre 10.000 y 300.000 millones para que todo el desfase patrimonial teórico quede cubierto mediante el paraguas del Estado, tanto en Bankia como en el resto de entidades financieras semi-quebradas. Tengamos en cuenta que el propio Gobierno va a obligar a realizar estas operaciones.
Las consecuencias para nuestras finanzas públicas son desastrosas y no generarán beneficios en el futuro tal y como dijo De Guindos ayer en el consejo de Ministros. Esta operación es una ruína impresionante dados los costes de financiación de España en los mercados y el más que previsible aumento de la prima de riesgo por estas operaciones. Bankia puede suponer perfectamente un aumento entre el 1% y el 30% del PIB en emisión de deuda pública a unos costes financieros del 6%.
Una economía en recesión, con una tasa de paro en torno al 24%, un déficit galopante, aumentar la deuda pública en circulación en estos niveles es sencillamente la puntilla que nos falta para que la economía quiebre antes del verano o en el mejor de los casos, tome el control de nuestras cuentas públicas el FMI/BCE. Por eso, hoy ya si podemos afirmar sin ningún rubor que somos mercancia rota en manos de políticos y bankeros que se han encargado de destruir la economía española con la peor decisión económica de un Gobierno inepto.