
Aunque se ataca desde diversos frentes a la especulación financiera, ésta se despliega abiertamente ante los ojos de gobiernos y autoridades monetarias. La forma que adquiere este fenómeno, que comienza a sacar roncha, tiene el eufemístico nombre de "carry trade", suerte de acarreo de divisas que en el cada vez más abierto mercado de capitales, busca el diferencial de ganancias socavando la estabilidad del mercado de bienes.
La mecánica consiste en pedir prestado donde las tasas de interés son más bajas, como el caso de Japón, Estados Unidos o el Reino Unido, e invertir en los mercados donde las tasas de interés son más elevadas, como Brasil, Australia o Nueva Zelanda. Este hecho provoca la apreciación de la moneda local frente al dólar, en una espiral creciente que no hace más que aumentar los peligros de una nueva burbuja. Parte de la apreciación del real brasileño durante los últimos años, ha sido provocada por la inundación de dólares que llegan buscando el spread o diferencial de tasas de interés, operaciones que al estar respaldadas por los bancos centrales, están exentas de riesgo.
Así es como el dólar de Nueva Zelanda se ha apreciado más del 42% con respecto al dólar estadounidense durante este año, poniendo en peligro la recuperación neozelandesa. Una moneda apreciada de esta forma forzada y engañosa no hace más que instalar el peligro de una caída en la competitividad, una disminución de las exportaciones y un aumento en las importaciones, incrementando el déficit en la balanza de pagos. La manipulación que ejercen estos capitales golondrina sobre los precios relativos, es una advertencia que debe poner en alerta a los bancos centrales, para establecer mecanismos de freno y control a estos movimientos que son meramente especulativos.
La libre movilidad de capitales que se explica en el modelo de Mundell y Fleming le ha jugado una muy mala pasada a países como Islandia, al cual llegaron miles de millones de dólares que aprovechaban las altas tasas de interés. Esto generó una situación de gran confortabilidad durante algunos años, hasta que la situación comenzó a resquebrajarse, demostrando que el modelo es abiertamente insostenible. La economía no puede exprimirse hasta el infinito. Apenas se detecta una situación delicada, los capitales huyen despavoridos pues es el síntoma de que el fruto quedó seco y hay que llegar a tiempo a otro lugrar para exprimir uno nuevo.
Esta imprudencia de los bancos centrales, que con el pretexto de controlar la inflación elevan la tasa de interés, aunque ello signifique asfixiar a la economía interna, ha sido una de las trampas más dañinas y no solo es responsable de la creación de burbujas sino también de la paralización de la economìa. Estos desequilibrios causados por los flujos de capital, o “carry trade”, que se mueven parasitariamente sin generar ninguna actividad económica productiva, forman parte de la materia prima de los errores que han hecho tanto daño a la actividad económica.
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