PD: El padre de Nick, John Cassavetes fue nominado al Oscar en tres ocasiones: como actor por ‘Doce del patíbulo’ (‘The Dirty Dozen’, 1967), como guionista por ‘Faces’ (1968) y como director por ‘Una mujer bajo la influencia’ (‘A Woman Under the Influence’, 1974).
Durante el verano de 1996, Jonathan le contó a Christopher Nolan una historia que había ideado mientras estudiaba en la universidad. Encontró fascinante un trastorno psicológico que impide crear recuerdos nuevos, y sobre eso imaginó una trama de venganza personal. A Christopher le encantó y animó a su hermano a seguir trabajando en ella. Unos meses después éste le envió un primer borrador de un relato titulado ‘Memento Mori’ (expresión latina que significa “recuerda que morirás”). A partir de ese texto, cada uno desarrolló la historia a su manera. Christopher lo extendió para dar lugar a un guión cinematográfico e incorporó algunas ideas tan importantes como la de empezar la historia por el final, y narrar a partir de ahí, la característica más representativa del film, que por cierto se rodó en sólo 25 días.
Fue su mujer, Emma Thomas, quien consiguió que la productora Newmarket se interesara por el guión de ‘Memento’, estimando el presupuesto en apenas cuatro millones y medio de dólares (al parecer, el coste final fue de nueve millones). En un principio, la intención era que el protagonista lo interpretara Brad Pitt, pero estaba comprometido con otros rodajes y entonces empezaron a buscar a un actor menos solicitado (y que saliera barato). Se barajaron los nombres de Alec Baldwin, Aaron Eckhart o Thomas Jane, pero finalmente Nolan quedó cautivado por el interés y la pasión de Guy Pearce, y le dio el papel de Leonard. Al parecer, el director quiso a Carrie-Anne Moss para el personaje de Natalie tras verla en ‘Matrix’ (1999), mientras que el de Teddy fue para Joe Pantoliano porque la propia actriz le recomendó, después de trabajar juntos en la misma película de los hermanos Wachowski.
Eterna venganza
Leonard es un hombre atrapado en una vida pasada. Sufre de “amnesia anterógrada”, una lesión cerebral que no le permite recordar nada que se extienda más allá de diez minutos, así que vive a saltos, en breves pedazos de tiempo, sin poder saber dónde está, qué está haciendo o con quién está. Sólo puede vivir el momento, un presente de unos minutos, antes de que su mente se quede en blanco. La causa fue un dramático acontecimiento ocurrido años antes: Leonard se despertó en mitad de la noche tras oír gritos de su mujer; alguien la estaba violando, y él lo mató, pero no vio a un segundo asaltante que le golpeó en la cabeza, dejándolo inconsciente. Leonard no ha olvidado eso, recuerda su vida hasta el golpe. Y lo más importante, recuerda que debe vengarse; matar al hombre que violó y asesinó a su mujer, porque además fue el que le hirió y le dejó en ese estado, para siempre.
Para tratar de sobrellevar su situación, Leonard se apoya en sus comportamientos rutinarios, que aún mantiene, y en mensajes que él mismo se escribe, antes de que su memoria le falle. Lo que considera esencial (como su misión) se lo hace tatuar en el cuerpo, para tenerlo siempre presente, y para saber con quién está tratando, cuál es su coche o dónde se hospeda, recurre a las fotografías. Usa una vieja Polaroid, una cámara que revela las imágenes al instante, lo que permite a Leonard realizar rápidas anotaciones, como el nombre de la persona retratada, el teléfono o algún consejo a tener en cuenta más adelante, cuando haya olvidado todo. Es interesante que Leonard diga que esas fotos (que no dejan de ser recuerdos materiales) no se pueden romper, que para destruirlas debes quemarlas; en otra escena, él se deshace de unos objetos que pertenecieron a su mujer (que le recuerdan a ella) de esa misma manera, a través del fuego.
Lo más llamativo de ‘Memento’ es su inusual estructura narrativa. La idea es situarnos en la mente y el drama de Leonard, así que Nolan divide la historia en segmentos y los dispone en orden inverso, desde el final al principio. Lejos de ser un simple truco para confundir al público, para complicar la trama de manera innecesaria, lo que se consigue es dejarnos en la misma situación que el protagonista: cada secuencia comienza cuando su mente “despierta”, así que si se encuentra dentro de un coche o se da cuenta que está corriendo, no sabe por qué, tiene la misma información que nosotros. Ésta es la línea de acción principal, pero hay otra paralela que avanza de manera normal (aunque se incluyen episodios recordados por Leonard, flashbacks), y que para evitar mayor confusión se nos presenta en blanco y negro. Las dos narraciones llegarán a coincidir en el tramo final de la película, cuando se resuelven todos los cabos sueltos y descubrimos todo eso que Leonard no sabe (o no quiere saber).
Sin embargo, lo que me parece más fascinante de ‘Memento’ es la manera en la que Leonard construye su propia realidad, su propia verdad. A partir de lo que recuerda y lo que él mismo se dice (en esos mensajes) que es cierto, sin cuestionarlo, es capaz de cambiar lo que quiera, consciente de que pronto olvidará lo que ha hecho, y luego creerá que todo está en su sitio, que no hay nada malo, y que él sigue siendo ese hombre en busca de una justa venganza, aceptando con normalidad lo nuevo que ha incorporado. Si no puedes crear recuerdos nuevos, o si puedes engañarte a ti mismo hasta llegar a creer tus propias mentiras, todo está bien, no hay arrepentimiento, no hay culpa, no hay de qué preocuparse. Simplemente, borras, te justificas, y sigues adelante. A ver, ¿por dónde iba?
La historia de ‘The Karate Kid’ versión 2010 es la misma que la de 1984 cambiando unos cuantos elementos, por eso de actualizar la trama convenientemente ambientada en China, país que ha adelantado a Japón como potencia y compite directamente con Estados Unidos. Ya no estamos en USA, Pekín es la ciudad en la que vive el protagonista, que se ha mudado allí con su madre en busca de nuevas oportunidades --claro, la crisis mundial hace que no pueda encontrar trabajo en todo el territorio estadounidense--, éste es más joven que el personaje al que daba vida Ralph Macchio. Ya no hablamos de un adolescente, sino de un niño, de color, cuya triste existencia --sus nuevos compañeros lo tienen atemorizado-- será iluminada por enseñanzas de kung-fu.
Exacto, en una película cuyo título es ‘The Karate Kid’ el protagonista aprende kung-fu. No sólo lo aprende, sino que llega a dominarlo a la perfección practicando incluso la auto enseñanza inventándose una espectacular patada que para asombro del mundo entero --el público del torneo final y por suma el espectador-- será repetida en unos monitores gigantes como si de un videojuego se tratase. Tengo un gran problema de credulidad con esta película, nada de lo que ocurre en ella me convence ni lo más mínimo.
Son muchas las cosas que me distancian y no puedo remediarlo. Un chavalín de 12 años en un país cuyas costumbres le tendrían que sonar a chino, nunca mejor dicho. Anda metido en líos con una pandilla de mal encarados que lo arrinconarán en un momento crucial del film en el que servidor pierde por completo la fe en lo que está viendo. Jackie Chan se pone a demostrar sus habilidades con un grupo de niños a los que no sacude en ningún momento pero igualmente los deja para el arrastre como si fueran cualquier matón de sus películas de artes marciales. No puedo dar crédito a la secuencia, y a partir de ahí todo se hace cuesta abajo.
El film es demasiado largo y sugiere además una historia de amor entre el protagonista y una niña china, historia que da muchas vueltas y termina por estancarse. También introduce un trauma en el personaje de Jackie Chan por aquello de compartirlo con su alumno --repito, un repelente niño negro al que no conoce absolutamente de nada más que de enseñarle kung-fu haciendo que se quite y se ponga la chaqueta hasta el cansancio-- y así fortalecer sus previsibles e increíbles lazos de amistad. A la sobriedad de un esforzado, aunque totalmente desaprovechado, Jackie Chan, hay que sumar la insufrible simpatía de Jaden Smith, que no es más que una versión en pequeño de Will Smith, y el histrionismo de Taraji P. Henson, que da vida a su gritona madre.
Puesta en escena totalmente funcional, desaprovechando el formato scope por mucho que Zwart se explaye filmando maravillosos paisajes orientales. Todo termina ahogado por una omnipresente banda sonora de James Horner, que en estos tiempos alejados de sus mejores partituras ha olvidado el significado de la palabra sutilidad. Su música subraya profundamente y ensalza cada instante de ‘The Karate Kid’ hasta tal punto que si uno cierra los ojos tiene la sensación de estar ante un film épico de batallas al estilo de la trilogía de Peter Jackson. Horroroso.
En definitiva, que aún no gustándome el film de 1984 lo prefiero mil veces al presente despropósito. Eso sí, como operación comercial, absolutamente magistral.
Pero si no, ‘The Raven’ (‘El cuervo’) seguiría siendo, en principio, un proyecto interesante. Según informó en su momento el director, la película no será un biopic de Poe, aunque se tomarán aspectos de su vida para retratarle adecuadamente en la pantalla. La trama situará al escritor al frente de la complicada investigación de una serie de siniestros asesinatos que parecen tener un mismo autor; un thriller al estilo de ‘Seven’, aclaró McTeigue, pero situado a mediados del siglo XIX (menos mal). El guión lo firman Ben Livingston y Hannah Shakespeare (!!), y por el momento sigue sin haber fecha para el inicio del rodaje.
PD: Según Imdb, con ésta ya hay 16 películas tituladas ‘The Raven’.