Es normal ver a la editora de Vogue Paris, Emmanuelle Alt, con las últimas colecciones de Prada. Muchas las califican de ‘diablos’ y pensamos que por hablar de moda y crearla, sólo visten de grandes firmas. Llámalo Prada, llámalo Gucci o Isabel Marant. Pero… ¡No! Qué equivocados estábamos. Y es que esta semana hemos podido ver a la francesa más cool con unas botas del Imperio Zara. Lo más gracioso es que hasta hace unos días este modelo todavía estaba de rebajas…
Las botas en cuestión son unas altas con flecos en la parte posterior que a mí en su día me recordaron a las de Isabel Marant. En camel o negro, el caso es que a las españolas no nos han acabado de gustar, pues como ya he comentado han sido el calzado más visto en las rebajas de la firma española.
Y qué queréis que os diga, me las he probado mil veces y no me acaban de convencer, pero a ella le sientan divinamente. Será el buen rollo que desprende a cada zancada.
La colección que presentó Adrover y que lleva por título "Out of My Mind” responde punto por punto a esa imagen de diseñador maldito que arrastra desde sus inicios y que a él parece encantarle. Siempre en continua reinvención, nunca ha tenido miedo a impactar o incluso ofender con sus propuestas (no hay más que recordar su colección inspirada en el Islam que presentó tras el 11 S) aunque esta actitud le suponga desaparecer del escenario varios años.
La inspiración nace de la idea de unas maletas que caen de un avión en el Amazonas y como podrían usar las prendas que están dentro los miembros de una tribu que siempre han vivido aislados del resto del mundo. Sin embargo los materiales para crearla los obtiene de un lugar mucho más cercano y conocido: su propio armario. Una capa de lana de su abuela se convierte en un vestido, un abrigo de piel de Alexander McQueen en una falda, guantes que pasan a formar parte de los zapatos y las camisas y las americanas en blusas y faldas puestas del revés. Y aunque por escrito pueda parecer algo más digno de los carnavales que vivimos en estos días en realidad funciona.
La colección no tiene ninguna vocación comercial. No puede tenerla. Se ha creado con prendas de su propio armario. Algunas salidas del desfile se acercan más a la obra de un artista experimental que a la de un costurero clásico pero es al mismo tiempo una muestra de talento tal que hace que nos planteemos qué podría hacer con medios y recursos a su disposición. Y sin coser. Algo a lo que los que asistimos a los desfiles en España ya estamos acostumbrados a ver aunque el resultado es completamente distinto. Custo Dalmau no tiene nada en común con Adrover. Su propuesta nada tiene que ver con la selva Amazónica. Está pensanda para la jungla del asfalto.
Su imagen de marca siempre ha sido el color, la combinación de texturas. Nunca ha tenido miedo a la mezcla. Y ahí reside su fortaleza y su debilidad. Sus prendas son únicas y por tanto se salen de ese fondo de armario al que a veces parecemos estar sujetos.
Por eso Nueva York le sienta tan bien. Porque el espíritu de esa ciudad nace del individualismo que desprenden las prendas de Custo. Ropa para mujeres que lo último que quieren es pasar desapercibidas y que deciden tomar riesgos.
Quizás ese sea el punto en común de los dos españoles que han desfilado en Nueva York: el riesgo. Adrover al más puro estilo de un artista maldito y Custo Dalmau al del emprendedor que se lanza a hacer las Américas y que sabe que para conquistar al mundo hay que empezar por el imperio.
Tiempo atrás hablábamos aquí de la idea de las autoridades de la ciudad de Buenos Aires de incentivar el uso de la bicicleta como medio de transporte a través de la construcción de varios kilómetros de ciclovías.
Pues los meses han pasado, y esos caminos especialmente pensados para ser recorridos sobre dos ruedas se han multiplicado. Pero, además, la capital argentina acaba de lanzar un proyecto de Circuitos Guiados para Turistas pero con un costado ucltural.
El mismo tiene, además de la posibilidad de recorrer hermosos lugares de la ciudad, la particularidad de hacerlo sobre bicicletas eléctricas.
Las rutas forman parte de un programa en el que particpó el Ministerio de Cultura porteño y que se inauguró pocos días atrás con dos opciones. La primera se desarrollará en el horario de 14:30 a 16:30 y en ella se recorrerán parques, jardines, monumentos y espacios de arte al aire libre a través de las ciclovías del barrio de Palermo.
La segunda, en tanto, también llevará a los turistas a pasear por el mismo barrio pero por la mañana entre las 10:30 a 12:30. Este recorrido unirá los diferentes parques de Palermo pero con los museos como tema central. Entonces podrán conocer, entre otros, al Museo Sívori y al Malba.
En ese sentido, el ministro de Cultura de la ciudad, Hernán Lombardi, explicó la propuesta "se suma a la muy numerosa y diversa oferta cultural que tiene la ciudad de Buenos Aires y que la convierte, sin duda, en uno de los destinos turísticos más atractivos”. Además, agregó que hay que tener en cuenta que que para el proyecto se utiliza un medio de transporte " ecológico y amigable para el espacio público”.
De este modo, los paseos tendrán un máximo de 15 participantes acompañados por un guía bilingüe y un asistente. Un paseo que será pago y tendrá un valor de 70 pesos, algo así como 12 euros.
Así, si bien de momento las rutas serán sólo estas dos y por el barrio de Palermo, el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires analiza, en un futuro, agregar recorridos que lleven a los visitantes a conocer, por ejemplo, San Telmo y La Boca.