
Ayer pudimos ver claramente la diferencia entre ganar un torneo del circuito regular del PGA Tour y ganar un grande. Como nos indicaba pcordeiro en este comentario, Justin Rose no podrá jugar el U.S. Open a pesar del gran juego que le llevó a conseguir su primera victoria en el Memorial la semana pasada.
Hizo una vuelta final de seis golpes bajo par en condiciones bastante duras en Muirfield Village, probablemente las más difíciles este año en el circuito regular y acaparando alagos de compañeros y de Jack Nicklaus. Pasó a ser el número 33 del mundo. Al día siguiente de ganar, Justin no pudo colocarse entre los 15 primeros en las calificatorias para el U.S. Open y no podrá jugar en Pebble Beach. ¿Justo o injusto?
"¿Cómo se fastidió esto?" dijo Ben Curtis cuando él sí se calificó para jugar. "¿Cómo no puede jugar el número 30 del mundo? Simplemente se me escapa."
No parece nada justo pero por otra parte la tradición no indica lo mismo.
El U.S. Open no tiene nada que ver con el PGA Championship, en el cual la tradición es acumular cuantos más jugadores posibles del top 100 mundial. Desde el U.S. Open se lucha por ser el torneo más dificil del año. Ahí radica la diferencia. Diferencia en la competencia entre los posibles aspirantes a la victoria y la dificultad que puede entrañar un campo de golf. Digamos que la tradición en el PGA Championship radica en la competencia y en el U.S. Open en el campo y en clasificarse para el torneo.
Y lo mismo sucede con el British Open. Hay un famoso ejemplo que ha surgido durante los últimos días: Ben Hogan ganando el Masters y el U.S. Open de 1953 y teniendo que clasificarse para jugar el British Open. Dos de los últimos campeones del U.S. Open (Michael Campbell en 2005 y Lucas Glover el año pasado) consiguieron su puesto en el Open a través de las clasificatorias.
A Kenny Perry, hace dos años y después de ganar el Memorial también, no jugó el U.S. Open porque no quiso. Además de no gustarle el campo de Torrey Pines, la idea de jugar 36 hoyos para clasificarse no le harían mucha gracia a sus 48 años. En esa ocasión nadie pensó en la justicia o injusticia del asunto.
En esa ocasión la USGA ya obtuvo alguna crítica por mantener un sistema que para muchos es injusto. El organismo no prometió hacer nada y la situación se ha repetido. La razón por la que la USGA pone el corte en el top 50 del mundo un mes antes de que comience el U.S. Open y no una semana antes es porque necesita organizar las calificatorias y el número de participantes que habrá en cada una de ellas. Para calificarse para el U.S. Open, que al fin y al cabo es el Abierto de los Estados Unidos y cuyo objetivo es discernir quién es el mejor jugador del país, un chaval de instituto tiene la misma importancia que Tiger Woods.
Y aquí es cuando la tradición toma presencia y una costumbre que podría parecer antigua y desfasada deja de serlo. Cuando se disputó el primer U.S. Open, al igual que en cualquier otro país, se competía por ser el mejor dentro de ese territorio. Por mucho que el golf se haya globalizado y haya crecido el espíritu del torneo debe seguir intacto, porque eso es justo lo que hace al torneo un Major y no un torneo más con un patrocinador.
Eso no quita que se haga una excepción con el ganador del Memorial, que normalmente es uno de los mejores torneos del año y también uno de los más difíciles, amén de que el nombre de Jack Nicklaus, el mejor de la historia, está íntimamente ligado al torneo. El hecho de que se juegue dos semanas antes del U.S. Open parece una razón más para hacerlo sólo con este torneo y como una excepción.
Va a ser duro ver el U.S. Open sabiendo que Justin Rose y Rickie Fowler, dos de los jugadores que mejor forma han demostrado tener últimamente, no estarán compitiendo. Pero tampoco se han clasificado para jugar el torneo por muy buen Memorial que hayan disputado por lo tanto decir que es injusto tampoco tiene lugar. Es lo que hay y los jugadores lo sabían antes de jugar el Memorial. ¿Podría hacerse una excepción con el ganador del Memorial? Yo votaría a favor pero no con un tono o impresión de que sea algo necesario. Lo haría como un pequeño homenaje dentro del Circuito a Nicklaus y para darle, si cabe, un toque de prestigio al Memorial respecto al resto de torneos.
"Asi es. Todo el mundo conoce las reglas," dijo Stuart Appleby refiriéndose a la situación de Rose. "Pero si te mantienes jugando así de bien no vas a perderte muchos más majors." Justin Rose no jugará el U.S. Open porque no se lo ha ganado, no porque no se lo merezca. O como se dice por ahí, “no siempre gana el mejor.”
